Una batalla tras otra, así es el derrotero del seleccionado argentino en esta Copa del Mundo, no apta para cardíacos.
Si la zona de grupos la pasamos sin despeinarnos y con la cabeza todavía puesta en Qatar, la instancia de mata-mata nos puso en un juego de nervios sin igual.
Los triunfos ante Cabo Verde, Egipto y ahora Suiza no solo no fueron un paseo sino que se transformaron en verdaderos desafíos mentales.
La resiliencia, el coraje, el espíritu de campeón de este equipo, se nota en cada trabada, cada corrida, cada esfuerzo, cada gambeta. Con Suiza apareció Julián Álvarez para destrabar un mecanismo que parecía inexpugnable. Y Lautaro cerró la faena con el 3 a 1 definitivo.
El festejo -propio de los que hace en el San Ciro- subido a la tribuna fue captado por una hincha oriental que estuvo en el lugar justo a la hora indicada.