La Patagonia guarda una costumbre eterna que atraviesa generaciones. No hacen falta estadios, árbitros, ni tecnología. Alcanza simplemente con un lago planchado, una piedra chata y el impulso instintivo de lanzarla. Hacer sapito es, sin dudas, el deporte más jugado pero el menos reconocido.
Lee la nota completa en: https://turismocero.com/