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Opinión del Lector

La red humana invisible, La red de los bosques

Tona Galvaliz

Por Tona Galvaliz

Podemos preguntarnos ¿Qué estoy aportando a la red de vínculos que me sostiene? ¿De quién recibo "nutrientes emocionales" y cómo los reconozco? ¿Mis relaciones son recíprocas, simbióticas o están desequilibradas?

En la naturaleza, los árboles nos enseñan que la vida no se sostiene en el aislamiento, sino en la interconexión con pares.

¿Sabías que bajo la tierra existe un sistema maravilloso conocido como la red "micorrizas"?

Las micorrizas son una asociación simbiótica entre los hongos del suelo y las raíces de las plantas, en esta relación, ambos se benefician (ganar – ganar)

Esta cooperación crea una red subterránea de comunicación y nutrición tan eficiente que a veces se la llama Wood Wide Web (la red ancha del bosque).

La planta recibe del hongo nutrientes y agua que sola no podría absorber con tanta eficacia (fósforo, nitrógeno, minerales).

El hongo obtiene de la planta azúcares y compuestos orgánicos que necesita para vivir.

Es así que, mediante esta cooperación simultánea, los árboles más grandes pueden enviar recursos a los más pequeños, se transmiten señales de alerta ante plagas o sequías, se sostiene la salud colectiva del ecosistema, orientada a la vida.

Considerando este suceso, es posible trazar un paralelo con las conexiones invisibles que también existen entre los seres humanos:

En los bosques: Los árboles no viven aislados, sino conectados por la red micorrizas, se pasan nutrientes, energía e información a través de hongos microscópicos, los árboles madre sostienen a los pequeños o debilitados, cuando uno enferma, la red entera puede percibirlo.

En los seres humanos: Tampoco vivimos aislados, aunque a veces lo creamos, somos seres sociales y nada es posible solos, tenemos redes invisibles de apoyo: familia, amistades, comunidad e incluso desconocidos, cuando alguien atraviesa una crisis, otro puede transmitir fuerza, ánimo o recursos, las emociones (alegría, dolor, miedo) se contagian y afectan al conjunto. Existen "personas madre" -sabias, mayores o solidarias- que nutren con experiencia y amor.

Profundizando un poco más en las similitudes y ahondando en el plano existencial y relacional, las micorrizas nos invitan a ver los lazos invisibles que nos conectan como personas:

1. Interdependencia

Así como ninguna planta crece aislada en un bosque, ningún ser humano puede desarrollarse plenamente sin vínculos, necesitamos del "otro" para nutrirnos emocional, intelectual y espiritualmente.

2. Intercambio simbiótico:

En una relación sana, reciproca y simétrica, ambos dan y reciben, lo que uno comparte (afecto, palabras, escucha, compañía) enriquece al otro, y viceversa.

3. Red invisible de apoyo:

Así como los hongos transmiten nutrientes ocultos bajo la tierra, los humanos podemos ofrecer apoyo silencioso: un gesto, una oración, un estar presente y disponible, una energía de cuidado que no siempre es visible pero que sostiene.

4. Comunicación profunda:

Los árboles "avisan" a través de las micorrizas cuando hay un peligro, del mismo modo, en vínculos auténticos aprendemos a percibir y cuidar al otro más allá de las palabras, leyendo emociones, silencios, gestos.

5. Bienestar colectivo:

En un bosque sano, todos los árboles prosperan, en una comunidad humana, sociedad evolucionada, cuando compartimos recursos, saberes y afecto, todos nos fortalecemos.

Si pensamos en la vida como un bosque, cada persona es un árbol, pero la humanidad es el bosque entero, nuestra salud individual depende de la red, y la salud de la red depende de cada uno de nosotros; de modo que las micorrizas nos enseñan que la vida no es competencia, sino cooperación, y que la fuerza de lo humano se teje en los lazos invisibles de amor, solidaridad y cuidado mutuo.

Así como los árboles tejen un internet subterráneo natural, los humanos tejemos un internet emocional y espiritual, no se ve, pero se siente: un abrazo oportuno, una palabra de aliento, una mirada que comprende, una sonrisa que estimula y anima, o la energía que llega incluso a distancia a través de intuiciones, sincronías o la simple presencia.

Para cerrar podemos preguntarnos: ¿Qué estoy aportando a la red de vínculos que me sostiene? ¿De quién recibo "nutrientes emocionales" y cómo los reconozco? ¿Mis relaciones son recíprocas, simbióticas o están desequilibradas?

Te mando un beso inmenso

(*) IG: Tona Galvaliz. FB/LinkedIn: María Antonia Galvaliz. Counselor-Logoterapia-Biodecodificación- Coaching Ontológico y Sistémico- Speaker- PNL- Coaching WingWave- Escritora Columnista- Desarrollo Humano personal.

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