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Opinión del Lector

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La pelota se acompaña de una buena melodía

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Adrián De Benedictis

Adrián De Benedictis

Las pasiones de los argentinos pueden estar relacionadas en muchas ocasiones. Los sitios donde se ubican permiten también que se crucen para formar una combinación exitosa.

El caso del fútbol y la música se simboliza con el aliento de los hinchas en forma de canto, para trasladarle sus sentimientos a los equipos. Los estadios, de esa manera, son el sitio en el que el deporte y la cultura adquieren una transversalidad inusual.

La interpretación de esto la realizó con mucha fineza Guillermo Knoll en su último libro denominado La música y el fútbol. Dos pasiones sin límites (Editorial Autores de Argentina).

Knoll es periodista, escritor, investigador y docente, y en el texto logró encontrar un poco más de 160 casos de futbolistas de todo el mundo, quienes llegaron a convertirse en músicos, cantantes y compositores antes, durante o después de sus respectivas carreras.

“La idea de trabajar un libro que una la música con el fútbol hace rato que me venía dando vuelta en la cabeza. A todas las personas le gusta la música, es muy raro que a alguien no le guste algún ritmo. Y el fútbol le gusta al casi el 70 por ciento de la población mundial. El mix de eso me hizo pensar cuántos jugadores pasaron por la música, tocando un instrumento o cantando una canción. Y en muchos casos llegaron a grabar melodías, como Cruyff, Beckenbauer, Pelé, o Maradona”, le explica Knoll a Página/12.

La publicación en Argentina salió a fines del año pasado, y la versión española está a la venta hace pocos meses. El trabajo duró un año aproximadamente. El libro cuenta con el agregado de que posee código QR, para que la persona pueda escuchar a Maradona cantar junto al dúo Pimpinela mientras lee. En su contenido hay frases de periodistas, técnicos, jugadores, y de cantantes, que relacionan la música y el fútbol.

“Hay casos como el de (el camerunés) Roger Milla, (el belga) Vincenzo Scifo, (el francés) Just Fontaine, que grabaron varios discos y lo hacían muy bien. Y hay casos de jugadores amateurs que llegaron en la música a niveles impensados, como (Luciano) Pavarotti o Julio Iglesias. Luciano Pereyra, por ejemplo, hizo las inferiores en Boca. El mismo Cacho Castaña llegó a probarse en San Lorenzo de Almagro como puntero derecho”, destaca Knoll.

--¿Qué fue lo que más te sorprendió mientras ibas buscando las historias?

--Situaciones que no conocía. (El británico) Sting había sido profesor de fútbol en una escuela católica secundaria. El chileno Alexis Sánchez toca muy bien el piano, eso también me sorprendió.

El autor está trabajando en el segundo volumen con más de 100 casos nuevos, y además tiene un proyecto que incluye al fútbol femenino. En la primera edición aparecen grupos musicales como La 25, de los hermanos (Mauricio y Marcos) Lescano, que fueron jugadores profesionales y luego se dedicaron de lleno a la música. El caso de Martín Bosa, de Juana La Loca, que llegó a jugar en las divisiones inferiores de Temperley y en Los Andes.

“La intención -sigue Knoll- fue relacionar el fútbol con algo que sea más popular que el fútbol, y que sea pasión para mucha gente. De hecho, el subtítulo es “Dos pasiones sin límites”. Me llamó la atención que uno relaciona el canto de las hinchadas con la música de Sergio Denis u otros cantantes, inventando la letra en función de la melodía, y a muchos jugadores se los ve siempre con los auriculares puestos, con lo cual los propios protagonistas necesitan de la música. Me fijé si había algo a nivel mundial y no encontré nada, y entonces empecé a armarlo porque me pareció interesante el tema”.
--¿Se te ocurrió explorar en otros deportes?

--Lo que pasa es que yo soy docente y con la pandemia no pude avanzar mucho. El caso de Vilas es muy conocido. Sabatini canta en inglés y lo hace bastante bien.

El libro ofrece futbolistas de diferentes nacionalidades, y como las culturas son muy diferentes, los géneros son diversos. El autor pudo dialogar con algunos: “’El Rifle’ (Fernando) Pandolfi me escribió algo muy lindo. Con Claudio Cabrera también hablé, ya que a él le gustaba tocar el saxo mientras se recuperaba de diferentes lesiones. También hablé con Nolberto Solano, Héctor Bracamonte. El uruguayo Fabián Estoyanoff, o Marcelo Barticciotto, que cantó dos veces en el Festival de Viña del Mar con temas propios. Este cuando jugaba te partía al medio y luego cantaba melódico, son casos raros”.

El autor enfatiza que algunos jugadores “lo hacían como pasatiempo, y otros tenían algún fin benéfico. Solano ayudaba a chicos peruanos que se iban a curar a Inglaterra, por algunas enfermedades que no podían ser tratadas en Perú. El caso de Raimundo Orsi es muy rico, ya que estudió muchos años violín en un conservatorio, y llegó a tocar con Gardel”.

El de Just Fontaine es el emblema más álgido, debido a que se dedicó profesionalmente a la música. El que no tuvo buena aceptación fue el italiano Paolo Rossi -recientemente fallecido-, que grabó un disco pero las críticas fueron feroces.

“De los que no se conoce mucho está Raúl Carabajal, del famoso grupo musical, que jugó en inferiores y no llegó. De (Hernán) “Cucuza” Castiello, que jugó en inferiores de Argentinos y luego lo hizo profesionalmente en Aldosivi y en Tigre. De Walter Fernández, que estuvo cantando en la televisión y lo hizo muy bien. Daniel Valencia, por ejemplo, emula muy bien a Sandro. Francisco Sá estuvo cantando y tocando la guitarra en Sábados Circulares, con “Pipo” (José) Mancera. El colombiano Leonel Alvarez tocaba muy bien el piano. Y el doctor Raúl Madero es un pianista que ejecuta magistralmente a Chopin”, describe Knoll.

La música permitió que algunos futbolistas lograran romper ciertas barreras, como el holandés Ruud Gullit, quien grabó varios discos, y a partir de ello pudo desinhibirse y contar su sexualidad. Además, en la versión española del libro se refleja que el capitán del Real Madrid, Sergio Ramos, es cantante de flamenco; y que el mexicano Hugo Sánchez, goleador histórico del conjunto madridista, canta y al mismo tiempo es odontólogo.

“Mi profesión es la docencia, pero si no hago esto me siento como enjaulado”, aclara Knoll. El deporte y la cultura lograron que el autor pueda salir de ese encierro, con el juego y las melodías como actores principales.

MÚSICA DIEGO MARADONA PELE
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