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Opinión del Lector

Cuando el cuerpo habla lo que la mente calla

Tona Galvaliz

Por Tona Galvaliz

¿Sabías que, la verdadera curación no consiste en borrar el pasado, sino en recuperar la capacidad de vivir el presente sin que el pasado siga gobernando cada respiración y latido?

Vivimos en una cultura que nos enseñó a pensar el sufrimiento como si fuera un asunto exclusivamente mental por ejemplo: "Hay que ponerle voluntad", "ya pasó", "no pienses más en eso"; como si los dolores de la vida pudieran archivarse en algún rincón de la memoria y seguir adelante.

Sin embargo, el psiquiatra neerlandés Bessel van der Kolk, en su extraordinario libro “El cuerpo lleva la cuenta”, que recomiendo leer, nos invita a mirar en otra dirección; su tesis, respaldada por décadas de investigación clínica, es tan sencilla como revolucionaria: el trauma no desaparece porque decidamos olvidarlo; porque el cuerpo recuerda aquello que la conciencia muchas veces no puede nombrar.

Esta idea cambia profundamente nuestra manera de comprender el sufrimiento humano. No somos únicamente lo que pensamos, somos también lo que sentimos, lo que nuestro sistema nervioso aprendió para sobrevivir, las emociones que quedaron atrapadas cuando no pudieron expresarse y las huellas invisibles que dejaron las experiencias dolorosas.

Durante mucho tiempo la medicina separó el cuerpo de la mente, el dolor físico iba por un lado y las emociones por otro.

Van der Kolk demuestra que esa división es artificial; afirma que quien ha atravesado violencia, abandono, abusos, guerras, accidentes o pérdidas profundas no solo conserva un recuerdo, sino que, conserva un organismo entero preparado para defenderse de un peligro que ya no existe.

Por eso tantas personas viven en permanente estado de alerta, se sobresaltan fácilmente, padecen ansiedad, insomnio, dolores físicos sin explicación aparente o una sensación constante de amenaza, y no están exagerando, su cuerpo sigue creyendo que debe sobrevivir.

Quizás uno de los aportes más valiosos del libro sea desterrar una mirada moral sobre el trauma.

No se trata de personas débiles ni de falta de carácter; se trata de un cerebro y un cuerpo que hicieron exactamente lo necesario para proteger la vida en circunstancias extremas, y, lo que en un momento fue una estrategia de supervivencia puede transformarse, años después, en una fuente de sufrimiento.

Van der Kolk también cuestiona la idea de que hablar alcanza para sanar; la palabra es importante, pero no siempre suficiente, hay experiencias que ocurrieron antes de que pudiéramos ponerles nombre o que quedaron almacenadas en regiones del cerebro donde el lenguaje no llega con facilidad.

Por eso explora caminos terapéuticos que hace algunas décadas eran considerados marginales y hoy cuentan con creciente evidencia científica: el trabajo corporal, el yoga, las prácticas de regulación de la respiración, el teatro terapéutico, el neurofeedback y diversas formas de psicoterapia orientadas a reconstruir la sensación de seguridad.

La recuperación no consiste únicamente en comprender lo sucedido; implica ayudar al cuerpo a descubrir que el peligro terminó.

Hay otra enseñanza que merece ser destacada: El trauma no solo nace de lo que ocurrió, también puede surgir de aquello que faltó, por ejemplo: Un niño que nunca fue mirado con ternura, escuchado o contenido puede cargar heridas tan profundas como quien sufrió un hecho violento.

El abandono, la indiferencia y la ausencia de vínculos seguros dejan marcas silenciosas que condicionan la forma de amar, confiar y habitar el mundo.

Esta perspectiva tiene una enorme trascendencia social; obliga a pensar la salud mental más allá del consultorio.

La prevención comienza mucho antes: en familias donde haya afecto, en escuelas que comprendan las emociones, en comunidades capaces de ofrecer pertenencia y en instituciones que no reproduzcan la violencia.

Quizás el mensaje más esperanzador del libro sea que el cerebro conserva una extraordinaria capacidad de transformarse; la neuroplasticidad demuestra que las experiencias reparadoras también dejan huellas.

Un vínculo confiable, una terapia adecuada, una comunidad que sostiene, el movimiento, el arte, la música, la respiración consciente y el reconocimiento del propio dolor pueden modificar circuitos que parecían definitivamente condenados al sufrimiento.

El escritor y médico, plasma en su obra una invitación que trasciende la consulta; nos recuerda que detrás de un síntoma suele haber una historia; detrás de una reacción desmedida, una herida; y detrás de muchas conductas incomprensibles, un cuerpo que aún intenta proteger a la persona que alguna vez sufrió.

En tiempos en los que la ansiedad, la depresión y el estrés parecen convertirse en la epidemia silenciosa de nuestra época, “El cuerpo lleva la cuenta” nos devuelve una mirada profundamente humanista: sanar no es olvidar, sino reencontrarse con uno mismo, es recuperar la seguridad perdida, reconstruir los vínculos y aprender, poco a poco, que el presente puede dejar de parecerse al pasado; porque, al fin y al cabo: La verdadera curación no consiste en borrar el pasado, sino en recuperar la capacidad de vivir el presente sin que el pasado siga gobernando cada latido.

Te mando un beso inmenso TG.

IG Tona Galvaliz.

FB/LinkedIn: María Antonia Galvaliz.

Counselor – Logoterapia – Biodecodificación – Coaching Ontológico y Sistémico – Speaker – PNL – Coaching WingWave – Escritora Columnista – Desarrollo Humano Persona

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