Por Sergio Skobalski
En la cumbre de Alaska se reunieron los líderes de los dos mayores arsenales nucleares del mundo: EEUU y Rusia. Los poseedores de los dispositivos para la guerra nuclear: armas de agresión y de terror tal como las definió su creador J. Robert Oppenheimer.
En una situación de crisis, conflicto y guerra en la que Rusia y EEUU están involucrados, directa e indirectamente, todas las estimaciones militares, y de márgenes de negociación política están condicionadas por la correlación de fuerzas nucleares operativas.
El cuerpo doctrinario ruso en el que la “operación militar especial” se transformó en una “guerra local” en Ucrania, y en una potencial “guerra en gran escala” contra la OTAN, prescribe la matriz que está actualmente en ejecución y que combina tres dominios: amenaza nuclear, guerra de información, y operaciones de guerra convencional de desgaste.
Los altos mandos militares estadounidenses, desde la Guerra Fría en adelante, conocen en detalle la historia militar de Rusia y la evolución de sus doctrinas estratégicas. Cuando el Presidente Trump opinó recientemente que China acosa con sus negocios y Rusia destruye con la guerra, expresaba la línea general de su gestión, en primer término, y el asesoramiento experto del Pentágono en el segundo. Y esto también lo saben los generales, franceses, británicos y alemanes, y, por consiguiente, sus Jefes de Estado.
Las cumbres de Alaska (15 de agosto) y de Washington (18 de agosto) plantean el problema de una diplomacia restringida para terminar con un conflicto armado complejo. Su esencia radica en el interrogante: ¿Cómo negociar contra el enorme “martillo asiático” cuyos golpes, según Halford Mackinder, forjaron la historia de Europa? ¿Cómo negociar con un líder autocrático que reúne los atributos de Stalin, Felix Dzerzhisnky y Laurenti Beria, y que posee el arsenal de armas nucleares más poderoso, inclusive que el de EEUU?
Donald Trump, y sus secretos de la relación con Vladimir Putin, parecería reunirse con un grupo de amigos asustados: Zelensky, Macron, Starmer, Merz y von der Leyen. El riesgo es la rendición diplomática o una futura guerra ruinosa en gran escala. Siempre con la probabilidad de que las ciudades europeas sean reducidas a cenizas.
Las distintas generaciones de planificadores de la guerra nuclear en EEUU y Rusia, trabajan desde hace 80 años en perfeccionar lo que en la jerga se llama Fuerza de Primer Golpe, y en la terminología de la teoría de los juegos: Borde del Abismo-Doble Juego del Gallina-Ventaja del Primer Movimiento. La herencia de Albert Wohlstetter, Herman Kahn, Oskar Morgenstern y Thomas Schelling. Los “magos del Armagedón mayor”.
Para gestionar la política mundial bajo la amenaza de las armas nucleares no están Dean Acheson, George Kennan, Paul Nitze, John Foster Dulles, Robert McNamara, Henry Kissinger ni Cyrus Vance y Zbigniew Brzezinski.
Un atribulado Donald Trump tiene como secretario de Estado y asesor de Seguridad a un joven que aparece en las fotos con cara de asustado. Vladimir Putin tiene como canciller a un veterano de gesto adusto, que llegó a la cumbre de Alaska con las siglas CCCP (URSS), estampadas en su remera. La semiología de la Guerra Fría reaparece: signos del mejor escenario que puede esperarse.
Sergio Daniel Skobalski es Doctor en RRII (USAL). Director de la Lic. en RRII de la Universidad de la Defensa Nacional. Héctor Agustín Arrosio es Magister en Ciencia y Filosofía Política por la Universidad Nacional de Mar del Plata.