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Opinión del Director

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Hay que dejar de hablar a los núcleos duros

Daniel  Caran

Daniel Caran

Como lo anticipamos en este espacio desde hace tiempo, avanzamos en el presente año y pareciera ser que las elecciones serán ahora. Los dos frentes electorales que acaparan la mayor atención y probabilidades para los comicios del año que viene, tanto en la provincia como en el resto del país, están imbuidos en disputas palaciegas por las candidaturas. Todo en medio de una crisis económica sin antecedentes y una devaluación estrepitosa de nuestra moneda.

Sin olvidar los índices de pobreza, desocupación y empleo informal además de falta de generación de trabajo.

En este contexto las coaliciones electorales: una gobierna y la otra es oposición en el país, parecen encerradas en una habitación con ellas mismas. Sin posibilidad de abrir la puerta y dejar entrar a otros que no sean de la misma estirpe, no hay posibilidad de matices. Nada, ni siquiera un atisbo para disentir en cuestiones mínimas.

Es acaso la principal falla que nos lleva al precipicio. No lo sabemos. Pero es necesario romper con la grieta y sumar de ambos lados a una opción que le diga a la sociedad cómo se pueden empezar a resolver sus problemas más urgentes. Entre esos, la madre de todo el drama, la inflación.

Es necesario porque es obvio que los protagonistas de nuestra política actual solamente les hablan a sus auditorios, solamente se dirigen a sus feligreses. No abren la juega a la discusión, una discusión verdadera con quienes no piensan exactamente o en lo más mínimo como en esos auditorios.

Vaya dilema al que no nos enfrentamos porque no es nuevo, quizás haya que ir al inicio de la historia de nuestra Nación, en sus inicios para tratar de encontrar una fundamentación.

Pero el hoy nos es urgente y debemos encontrar la salida a este laberinto. Dejar de ser el perro que intenta morderse la cola y no puede dejar de girar.

Una tercera opción puede germinar o no de los dos espacios en disputa. También esos espacios pueden mejorar, pero para eso hay que abrir el juego. Estar dispuestos a escuchar las cosas que algunas veces pueden ser incómodas y que la solución no es en soledad. Las soluciones son colectivas, siempre.

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