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Opinión del Director

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Entender que el otro no puede ser hecho a nuestra imagen y semejanza

Daniel  Caran

Daniel Caran

Aún sacudidos por los hechos de esta semana, el atentado fallido a la Vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, aturdidos todavía necesitamos parar. Intentar analizar este corolario que fue ese hecho del pasado jueves 1 de septiembre por la noche frente al domicilio de una de las personalidades políticas más relevantes de los últimos 15 años en el país.

Se habla de crispación, discursos de odio y claro, de la grieta que también acompaña nuestra vida política y social desde hace unos diez o quince años.

Decía, aún consternados debemos encontrar un espacio de reflexión para aproximarnos a entender qué nos pasó y que nos ocurre como sociedad.

Es un camino largo y tortuoso el que debemos recorrer en forma conjunta, la sociedad civil con la sociedad política. Es un desafío, pero hay que entender, como primer paso, justamente eso. Que es un desafío a nosotros mismos, a corrernos de nuestros prejuicios a entender que el otro es otro. No lo podemos moldear a nuestra imagen y semejanza. Sobre esa base sembrar y hasta refundar una sociedad en los desconocidos tiempos del siglo XXI.

Es una empresa difícil pero no imposible, hay que empezar por entender esa lógica tan primitiva. La que el otro es un mundo, un universo aparte, siempre diferente al de uno mismo. Más allá de algunas coincidencias y matices.

Estos tópicos son para los y las ciudadanas. En el caso de la dirigencia política está obligada a repensar sus formas de hacer política. Dejar de hablar, lo planteamos muchas veces aquí, a los convencidos. Dejar de tirar arengas a la tribuna propia. La política, hacer política es todo lo contrario, es tratar de convencer con la retórica al y a los que están en desacuerdo con lo que uno piensa.

De no empezar a transitar este camino la Argentina seguirá caminando por la cornisa de los desbordes como los que vimos el pasado jueves por la noche.

No es gratis negar la existencia del otro. Los agravios e insultos siempre vuelven multiplicados y siempre, siempre, la violencia reproduce y multiplica más violencia.

Saber, entender que el otro es tan otro como yo. Ese es el inicio de empezar a rever nuestras conductas. Todavía estamos a tiempo.

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