No es la primera vez que sucede que un libertario fanático tropieza con sus argumentos cuando no le dejan desplegar su posición sin cuestionamientos.
Ramiro Castiñeira está acostumbrado a hablar en auditorios donde todos concuerdan con él, pero esta vez se encontró con un interlocutor dispuesto a ponerle matices a la charla.
Paulino Rodrigues no quiso ser un simple receptor de la catarata de imprecaciones vertidas por el economista libertario y puso algunas objeciones.
Desacostumbrado a recibir correcciones, Castiñeira se llamó a silencio reconociendo la derrota.