La molestia de Luis Majul -más fingida que real- se basaba en lo que consideraba una apropiación indebida de la figura de Francisco, un uso espurio de su legado, por parte de Juan Grabois.
Tanto es así, que argumentó que no estaba seguro de que el propio Bergoglio hubiese querido que se lo utilizara en una campaña electoral, y se indignó más al no estar vivo para dar su aprobación.
Llegado a ese punto se preguntó “¿en serio se hace campaña con una persona muerta?”, a lo que Cristina Pérez no tuvo mejor retruque que responderle: “Y bueno... el peronismo sigue haciendo campaña con Perón, no te quepa duda”.