A través de un programa municipal se busca llevar contención a las personas que sufren adicciones y a su contexto familiar. La violencia en el hogar es la responsable de que cada vez más niños caigan en los vicios, según profesionales de la educación.
La Municipalidad de Corrientes desarrolla desde el inicio de su gestión una política contra el narcotráfico y el consumo problemático de sustancias a través de dos programas: Barrios Sin Drogas y Construyendo Juntos. El objetivo es abordar integralmente tanto el consumo como la demanda. El primero sirve para tener un georreferenciamiento sobre la ubicación de los distribuidores de estupefacientes, es decir la elaboración un mapa concreto que determine la cantidad de puestos de ventas de drogas en las barriadas. El encargado de esta área es el subsecretario de Seguridad y abogado por la Universidad Nacional del Nordeste, Yamandú Barrios.
El programa Construyendo Juntos, por su parte, atiende el consumo problemático de sustancias en los barrios a través de un abordaje territorial en el que intervienen referentes de las zona de menores recursos económicos.
En el ámbito de la Medicina y la Salud Mental se entiende por consumo problemático a cualquier conducta que no se pueda controlar y que afecta la salud física, psíquica o las relaciones sociales. Entre ellos se puede mencionar al alcohol, el tabaco, las drogas, el juego, la tecnología, las compras, la alimentación o cualquier otro consumo que un especialista diagnostique como fuera de control. El director General de Prevención, Asistencia y Recuperación del Consumo Problemático, Gustavo Gómez, dialogó con época y brindó más detalles acerca de las adicciones en los barrios. La sustancia que más consumo representa a nivel local son las bebidas alcohólicas, seguidas muy de cerca por los cigarrillos y los psicofármacos. “Estos se encuentran muy por encima de la marihuana, la cocaína y otras drogas que circulan en los barrios”, detalló Gómez.
El trabajo que realiza la Dirección está orientado a desarrollar un diagnóstico que arroje números concretos sobre esta problemática. Las afirmaciones expresadas por el funcionario tienen en cuenta los primeros relevamientos realizados en los Centros Integradores Comunitario. La meta de las autoridades comunales es que cada uno de los Centros Integradores Comunitarios (CIC), Centros de Desarrollo Integral (CDI), delegaciones municipales, colegios e iglesias, se transformen en un lugar de referencia para el tratamiento físico y psicológico de las adicciones. El equipo está enfocado a organizar a los distintos grupos de las instituciones del Estado, los barrios, la Iglesia y los centros de Salud. Se capacita a agentes sanitarios, ellos son los que canalizan las demandas e informan a las autoridades comunales.
“Muchas personas no se percatan que se encuentran consumiendo de forma problemática y sólo relacionan este tema con las drogas ilegales”, dijo el funcionario. Por esta razón, el grupo de trabajo busca concientizar y empoderar a la población a través de charlas en los barrios. La Dirección de Salud Mental y Adicciones de la Provincia afirmó que en el 2017 el alcohol y el tabaco fueron las sustancias con mayor prevalencia en personas de entre 12 y 65 años.
“Cada vez más a temprana edad, niños y adolescentes consumen estas sustancias. La problemática afecta a todas las clases sociales por igual”, según los datos aportados desde la Comuna. El consumo de bebidas entre 12 y 15 años se duplicó en la última década, de acuerdo a datos de SEDRONAR.
“Hasta hace un tiempo el tratamiento de una persona que sufría una adicción consistía en la internación. Ahora, se busca que siga un tratamiento ambulatorio con el seguimiento en los SAPS Y CAPS”, finalizó Gómez.
Problemas familiares
Para tener más precisiones al respecto, época dialogó con María Mollá, una profesora de Psicología que diariamente convive en el aula con menores y sus problemas familiares.
“Los chicos se vuelcan hacia estas adicciones porque generalmente sufren violencia en el seno familiar y las sustancias son una vía de escape”, explicó la maestra de nivel medio del Instituto de Formación Docente José Manuel Estrada (IFD).
La violencia que se ejerce puede ir desde la sexual hasta el maltrato psicológico. “Lo que ellos intentan es escapar de la realidad emocional con la que generalmente conviven en sus hogares”, añadió. Su trabajo diario en las aulas le permitió asegurar que en los barrios capitalinos “hay muchas necesidades de este tipo. La solución es un abordaje territorial del Estado que involucre tanto a profesionales de la educación como a autoridades”, opinó.