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Monseñor Canecin: "Una Iglesia en comunión huele buenísimo"

El obispo diocesano, monseñor Adolfo Ramón Canecin, presidió las festividades en honor a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro con sendas celebraciones multitudinarias y de marcado espíritu sinodal en las localidades de Goya y Lavalle. En sus homilías, el prelado instó a la comunidad a redescubrir la condición de hijos de Dios, aportar los dones personales para construir una Iglesia en comunión y alertó sobre los desafíos éticos del cambio de época actual.

En Goya, monseñor Adolfo Canecin acompañó a la comunidad de los sacerdotes misioneros redentoristas en el día de su patrona, que también es protectora de la escuela parroquial.

Las actividades comenzaron con una procesión y continuaron con la Misa central, la cual estuvo concelebrada por el párroco, padre Boris Javier Escobar Sejas C.Ss.R.

HOMILÍA

El obispo vinculó esta fiesta mariana con el sínodo de la sinodalidad.

"Como los colores que conforman el arco iris, nos necesitamos todos", expresó

Invitó a cada bautizado a aportar sus dones y talentos ya que "siempre necesitamos de los demás para ser un verdadero arco iris".

En su llamado a consolidar una "Iglesia comunión, participación y misión", recordó que la misión prosigue a la encarnación del Verbo de Dios.

Tomando las palabras de San Pablo sobre "ser el buen olor de Dios", el obispo destacó: "Nosotros podemos ser el buen olor, y si es una Iglesia sinodal es más rico todavía porque camina junta. Una Iglesia en comunión huele buenísimo y una Iglesia que se abre a la misión huele estupendamente".

Valoró el carisma que San Alfonso María de Ligorio regaló a los padres redentoristas, señalando que su entrega misionera "supera y hace que se vayan los malos olores".

Fiesta a la vera del Paraná en Lavalle

El domingo, las celebraciones se trasladaron a la localidad de Lavalle.

Junto al párroco local, presbítero Jesús Daniel Alarcón Sotelo, el obispo participó de una procesión por las calles del pueblo que culminó con una misa central multitudinaria celebrada a la vera del majestuoso río Paraná.

HOMILÍA

En su predicación, monseñor Canecin remarcó: "Soy valioso como hijo de Dios".

Hizo hincapié en la importancia de una sana autoestima espiritual para no caer en errores y pidió la gracia de "permanecer siempre en el esplendor de la verdad" frente a las tinieblas del error.

El obispo introdujo citó el magisterio de León XIV en Magnifica Humanidad, advirtiendo sobre el peligro de la deshumanización.

Señaló que tecnologías como la inteligencia artificial y la robótica exigen un marco ético regulatorio estricto para no volverse en contra del ser humano como un "boomerang".

Lamentó también el riesgo actual de "naturalizar las guerras".

"La verdad es alguien que nos trasciende a todos, la verdad no es fruto del consenso. La verdad es Jesucristo", enfatizó, llamando a un discernimiento conjunto.

Basándose en los textos bíblicos del domingo, exhortó a "ejercitar la hospitalidad en las familias y comunidades".

"La Virgen María es el máximo ejemplo de haber hospedado la iniciativa de Dios en su vientre" subrayó.

"María es la criatura más parecida a Dios, por eso ella es perpetuo socorro, está para siempre y sale hoy al encuentro de cada uno de nosotros; nada le es indiferente", concluyó.

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