El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, lamentó que exista “una inconsciencia inveterada acerca de la presencia viva - y vivificante - del Espíritu Santo en el mundo. Incluso entre los más creyentes”, y atribuyó esta falencia a “una deficiente catequesis y, particularmente, a una empobrecida práctica de la espiritualidad cristiana”.
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, lamentó que exista “una inconsciencia inveterada acerca de la presencia viva - y vivificante - del Espíritu Santo en el mundo. Incluso entre los más creyentes”, y atribuyó esta falencia a “una deficiente catequesis y, particularmente, a una empobrecida práctica de la espiritualidad cristiana”.
“La Liturgia de la Iglesia no olvida la centralidad de este Misterio. Signo de ello es la solemnidad de Pentecostés, celebrada este domingo. Es lamentable que pase como una incomprendida fiesta del Calendario Litúrgico, que no deja rastro en la vida cotidiana de muchos creyentes y de la sociedad que componen”, sostuvo.
El prelado consideró que es “preciso volver a la importancia que le atribuye Jesús durante las densas jornadas de su ministerio mesiánico: ‘Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí’”.
“La recuperación de la devoción al Espíritu Santo, que afloró en muchos cristianos - a continuación del celebrado Concilio Vaticano II - contribuyó a un enriquecimiento destacable de la vida de la Iglesia”.
“Su manifestación, con frecuencia incomprendida en círculos selectos de la organización eclesial actual, aparece como un enrarecimiento de las tradiciones religiosas. No obstante, sus orígenes se remontan a los tiempos de las primeras y fervorosas comunidades cristianas, organizadas y custodiadas solícitamente por los apóstoles”, recordó.