El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, estimó preciso recoger las palabras proféticas de San Juan Pablo II y constituirlas en norma principal de vida: “El mundo espera de los cristianos el testimonio de la santidad”. “Únicamente a través de ese testimonio se irradia el Evangelio en una sociedad tan conflictiva y contradictoria como la nuestra”, subrayó.
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, reconoció que “a veces se produce un cierto desánimo ante la obcecación y el preconcepto ideológico de grupos minoritarios y bulliciosos” y consideró que “los evangelizadores experimentan el obstáculo grave de ser desoídos en un clima político cerrado apriorísticamente a la verdad, y al diálogo que la posibilite como hallazgo común”.
“Nuestra sociedad está necesitando una aclimatación previa, con el fin de alcanzar las condiciones requeridas para un diálogo respetuoso y sereno”, sostuvo el su sugerencia para la homilía dominical.
“Parece que estamos demasiado lejos de crearlo. No obstante es el gran desafío del amor, que el mundo reclama de los cristianos”, agregó.
El prelado estimó preciso recoger las palabras proféticas de San Juan Pablo II y constituirlas en norma principal de vida: “El mundo espera de los cristianos el testimonio de la santidad”.
“Únicamente a través de ese testimonio se irradia el Evangelio en una sociedad tan conflictiva y contradictoria como la nuestra”, concluyó.