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Evita desaparecida

¡EVITA VIVE!!!! Es tal vez el más emotivo grito de guerra de los peronistas, que aún hoy luego de 68 años de su muerte hace vibrar las gargantas de miles de argentinos. Su memoria persiste con tal fuerza que hasta los odiadores seriales la reconocen como la mujer más importante de la historia de nuestro país.



Hoy pretendo honrarla como lo hago todos los años, con un breve escrito. El cariz del mismo será en esta oportunidad diferente, No hablaré de su obra, de sus discursos, de su incondicionalidad a Perón y su pueblo. En el Peronismo tenemos Evita la descamisada, abanderada de los humildes, capitana, montonera, jefa espiritual, guardiana de la felicidad y muchos otros significantes, en fin, Evita de todos. Hoy contaré la historia de Evita Desaparecida. La pretensión es que aquellos que no la conocen tengan un acercamiento a hechos de nuestro pasado y que la inquietud de cada uno los lleve a profundizar en la investigación. Hay abundante material sobre el tema.



Su cuerpo embalsamado fue secuestrado de la CGT por un comando encabezado por un coronel de apellido Koenig jefe del Servicio de Inteligencia, acompañado por el mayor Arandía. Cuando lo hicieron no sabían que destino darle al cadáver, se debatían entre tirarla al mar, como luego hicieron tantas veces, o incinerarla en el mejor estilo de los campos de concentración. Mientras tanto había que sacarla de la CGT para que no se convirtiera en un lugar de culto de un pueblo que la amaba. 

El coronel, el mayor y la patota terrorista se apropiaron del cadáver de Evita con la finalidad de hacerla DESAPARECER. El odio de los ejecutores era tan grande como el temor que les ocasionaba, la pasearon en un camión por la ciudad de Buenos Aires. Donde la ponían, aparecían flores o velas encendidas, la inteligencia de la Resistencia Peronista era tenaz y persistente. Cambiaban permanentemente el cadáver de lugar.



Koenig intento llevar el cuerpo a su casa, pero su mujer no se lo permitió, así que decidió hacerlo cargo a Arandía quien lo escondió en el altillo de su casa, en la que vivía con su mujer embarazada y una pequeña hija.



Se abrió una puerta donde se encontraba Arandía quien, sin dudarlo, sacó su reglamentaria 9 milimetros y efectuó tres disparos certeros contra “el fantasma de Eva Perón”, según declaró horas más tarde ante el Juez de Instrucción.  Con la pistola aún humeante se acercó al yaciente cuerpo para reconocer a su esposa. Elvira Herrero de Arandía, que nunca tuvo ni siquiera gestos políticos, que su gran error había sido casarse con su verdugo, dio la vida por Evita.



El Coronel Koenig tenía una pasión enfermiza por el cadáver, lo llevó a su despacho en el Servicio de Inteligencia. Cuentan que colocaba el cuerpo en una caja de madera en posición vertical en su oficina, que exhibía el cuerpo de Evita a sus amigos como un trofeo, hay testimonios de vejámenes. Una visitante la futura cineasta María Luisa Bemberg, hija de una familia poderosa, conocida por los correntinos por su película Camila, espantada por lo que vio, hizo conocer la situación al presidente Aramburu, que inmediatamente remplazó al psicópata necromaníaco Koenig por el coronel Héctor Cabanillas quien, siguiendo instrucciones del propio Aramburú, organizaron hacerla desaparecer y se les ocurrió sacar el cuerpo del país.



El “Operativo Traslado” como se lo denominó, contó con la colaboración del entonces Teniente coronel Lanusse, luego presidente en los 70 y del capellán Francisco Rotger. El plan consistía en trasladar el cuerpo a Italia y enterrarlo en un cementerio de Milán con nombre falso. Rotger viajó a Italia y finalmente logró su cometido, seguramente con la complicidad de la alta dirigencia vaticana y del propio Papa Pio XII. El cuerpo de Evita fue sacado del país bajo el nombre de “María Maggi de Magistris”. Se falsificaron los papeles de nacimiento y defunción y se le crearon lazos familiares. Acompañaron el cuerpo dos oficiales del Servicio de Inteligencia que se hicieron pasar por el hermano y el viudo de la “difunta Maggi de Magistris”.



Evita fue inhumada en el Cementerio Mayor de Milán en presencia de los responsables del traslado, del superior general de los paulinos padre Penco y de una mujer consagrada a la orden, que durante los 14 años que duró la desaparición le llevó permanentemente flores.

El operativo traslado y desaparición de los restos mortales de Evita fue uno de los secretos mejor guardados de la historia argentina, hasta que en 1970 la organización Montoneros obtuvo la confesión de Aramburu sobre el destino de los restos de Evita y que Cabanillas tenía la documentación.



El Comunicado Número 3 de Montoneros, fechado el 31 de mayo de 1970, dice que Aramburu se declaró responsable “de la profanación del lugar donde descansaban los restos de la compañera Evita y la posterior desaparición de los mismos para quitarle al pueblo hasta el último resto material de quien fuera su abanderada”.



Lanusse, el mismo que había intervenido en la primera parte de la desaparición, a la postre Presidente de Facto, devuelve el cuerpo a Perón en 1971. Quienes sostienen que ese fue un gesto de reconciliación, olvidan decir que nunca hubiera sido posible, sin la acción Montonera que en ese momento de la historia estaba absolutamente encuadrada en la conducción estratégica de Perón.

Había terminado la desaparición sufrida por Evita, premonitoria seguramente de tantas otras que se sucedieron, 30 mil. Pero todavía no descansaba en su patria, cuando Perón regresa a la Argentina no trae el cuerpo y el general se muere antes de poder repatriarlo. Así es que interviene nuevamente la organización Montoneros que secuestró en octubre de 1974 el cadáver de Aramburu y exigió la repatriación de los restos de Evita. Se accede al canje y el traslado se produjo el 17 de noviembre (día del militante peronista). El cuerpo de Evita fue depositado junto al de Perón en una cripta diseñada especialmente en la Quinta de Olivos para que el público pudiera visitarla. En 1976, la dictadura no sabía qué hacer con el cuerpo.  Massera, fiel a su pensamiento y obrar quería arrojar el cuerpo de Evita al rio de la Plata. La familia Duarte pidió que se lo entregaran, así sucedió y fueron alojados en el cementerio de la Recoleta.



Ni muerta ni desaparecida dejó de estar presente y lo estará para siempre, Evita vive en la esperanza universal de los pueblos libres.

 

Por Germán Wiens                

 

“Si el pueblo me pidiera la vida se la daría cantando”

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