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Info General San Expedito

El patrono de las causas justas y urgentes recibió cientos de fieles

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Crédito: 94962

En la capital correntina, la comunidad de la parroquia Virgen de Itatí celebró a San Expedito. La feligresía cada vez más lo venera porque advierten que intercede en situaciones de extrema necesidad.


Los es­truen­dos que se es­cu­cha­ron des­de las ce­ro ad­ver­tí­an el fes­te­jo de al­gún san­to, en es­ta opor­tu­ni­dad el del Pa­tro­no de las cau­sas jus­tas y ur­gen­tes, San Ex­pe­di­to. En la ca­pi­tal co­rren­ti­na pe­se a que no tie­ne una ca­pi­lla, des­de la me­dia­no­che, los fie­les se acer­ca­ron al ba­rrio San Mar­tín, a la pa­rro­quia Vir­gen de ItatÍ en ave­ni­da Te­nien­te Iba­ñez es­qui­na Blas Pa­re­ra -­ con­ti­nua­ción ca­lle Salta-­ don­de se ve­ne­ra al san­to. A las 8 se re­a­li­zó la pri­me­ra mi­sa en su ho­nor y otra al me­dio­dí­a. La ce­le­bra­ción cen­tral tu­vo lu­gar a las 18.30 con la pro­ce­sión por las ca­lles del ba­rrio y una San­ta Mi­sa. Más tar­de fue la úl­ti­ma ce­le­bra­ción Eu­ca­rís­ti­ca a las 21.

 

La Igle­sia Ca­tó­li­ca ce­le­bro el día de San Ex­pe­di­to, uno de los san­tos más po­pu­la­res en la fe­li­gre­sía y a quien se ve­ne­ra es­pe­cial­men­te pa­ra pe­dir por cau­sas ur­gen­tes.


épo­ca dia­lo­gó con el Pa­dre Ro­ber­to Pi­ni quien re­sal­tó que des­de ho­ras tem­pra­nas hay una gran afluen­cia de de­vo­tos: “El tem­plo ya es­tu­vo abier­to a las 6 de la ma­ña­na y a las 8 se re­a­li­zó la ce­le­bra­ción de la Eu­ca­ris­tí­a. Ya a las 00 ho­ras se acer­ca­ron mu­chí­si­mos fie­les a sa­lu­dar al san­to”, pre­ci­só.


San Ex­pe­di­to en los úl­ti­mos años tu­vo mu­chos fie­les que si­guen su no­ve­na y fies­ta ca­da 19 de abril. So­bre el sur­gi­mien­to de es­ta de­vo­ción, el pa­dre Pi­ni con­tó: “La ima­gen lle­gó en el 2004 des­de Bue­nos Ai­res por­que te­nía que lle­gar no­más no por­que ha­ya en­car­ga­do. El que ha­bía he­cho la ré­pli­ca de la ima­gen que sa­le en pro­ce­sión en la Igle­sia San Jo­sé Bal­va­ne­ra de Bue­nos Ai­res que ya tie­ne 400 años, en­vió. Mu­cho no que­ría tra­er­lo por­que no co­no­cía su his­to­ria. Me die­ron la co­ro­ni­lla que ha­bía man­da­do en su mo­men­to el Car­de­nal Ber­go­glio, hoy Pa­pa Fran­cis­co, pe­ro no ve­ía pa­ra tra­er­lo por el cos­to y no sa­bía cuál era la de­vo­ción de la gen­te. Lle­gó so­lo y así se fue jun­tan­do los fie­les”, des­cri­bió.


His­to­ria del San­to


San Ex­pe­di­to era un mi­li­tar ro­ma­no que vi­vió a prin­ci­pios del si­glo IV, pe­ro ha­bía na­ci­do en el si­glo III y fue co­man­dan­te de una le­gión ro­ma­na en la épo­ca del em­pe­ra­dor Dio­cle­cia­no.


La his­to­ria cal­cu­la que fa­lle­ció en el 303 d. C., en Ma­lat­ya, mien­tras que fue ca­no­ni­za­do en 1671 por el pa­pa Cle­men­te X.


Cuen­ta la le­yen­da que en el mo­men­to de su con­ver­sión, to­ca­do por la gra­cia de Dios, re­suel­ve cam­biar su vi­da y con­ver­tir­se al cris­tia­nis­mo, ya que lo ha­bía con­mo­vi­do pro­fun­da­men­te la ac­ti­tud de los cris­tia­nos al en­fren­tar la muer­te.


Fue en­ton­ces que se le apa­re­ció el es­pí­ri­tu del mal en for­ma de cuer­vo y el ave le gri­ta­ba ‘cras.! cras.! cras.!‘ que en la­tín sig­ni­fi­ca “ma­ña­na, ma­ña­na, ma­ña­na. Es­ta de­ci­sión dé­ja­la pa­ra ma­ña­na! No ten­gas apu­ro! Es­pe­ra pa­ra tu con­ver­sión!”.


Pe­ro San Ex­pe­di­to pi­so­te­an­do al cuer­vo gri­tó “Hoy! Na­da de pos­ter­ga­cio­nes!” y abra­zó la fe cris­tia­na y de­jó de ser pa­ga­no. Es por eso que San Ex­pe­di­to es un San­to que atien­de los ca­sos ur­gen­tes, en el mis­mo mo­men­to, ya que de pro­du­cir­se una de­mo­ra, ha­bría un gran per­jui­cio. Pe­ro es­te San­to Pa­tro­no Ex­pe­di­to, co­mo to­dos los san­tos no se con­for­ma con la ve­ne­ra­ción si­no que quie­re lle­var en ac­ción de gra­cias a Dios, sin pos­ter­ga­cio­nes, si­guien­do su ejem­plo.


Así es co­no­ci­do co­mo uno de los abo­ga­dos de las cau­sas im­po­si­bles, jun­to con San­ta Ri­ta y San Ju­das Ta­de­o, a quie­nes tam­bién se les sue­le in­vo­car en es­tos ca­sos.


Tam­bién ha pa­sa­do a ser pa­tro­no de las per­so­nas que quie­ren ob­te­ner una gra­cia por una cau­sa per­di­da, pe­ro la ne­ce­si­tan in­me­dia­ta­men­te.

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