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Qué es Idrettsglede, la filosofía noruega que potenció a Haaland y sus compañeros en el Mundial 2026

Aunque el seleccionado de Noruega cayó 2-1 en el tiempo suplementario frente a Inglaterra, dejó una muy buena imagen en el Mundial 2026 gracias a su desempeño colectivo.

En un torneo de fútbol en el que superó las expectativas, el equipo mostró un funcionamiento sólido y contó con el aporte determinante de futbolistas de jerarquía como Erling Haaland, Martin Ødegaard y Alexander Sørloth, quienes fueron piezas clave a lo largo de la competencia.

DE QUÉ SE TRATA LA FILOSOFIÍA IDRETTSGLEDE DE NORUEGA EN EL DEPORTE

El fútbol es apenas una muestra del éxito deportivo de Noruega. Desde hace años, el país se destaca por formar atletas de primer nivel en distintas disciplinas, con figuras como los hermanos Ingebrigtsen en el mediofondo, Karsten Warholm en los 400 metros con vallas, Johannes Høsflot Klæbo en el esquí de fondo y Aleksander Aamodt Kilde en el esquí alpino, todos protagonistas de actuaciones históricas a nivel internacional.

La presencia constante de deportistas noruegos en la élite no parece ser casualidad. Buena parte de ese fenómeno se atribuye a una manera particular de entender la práctica deportiva, conocida como idrettsglede, un concepto que suele traducirse como "la alegría de hacer deporte", aunque su significado va mucho más allá.

Para Tore Øvrebø, director de alto rendimiento de Olympiatoppen, el principal centro de preparación de atletas de Noruega, esta filosofía combina el disfrute con un fuerte espíritu competitivo. "Se trata de disfrutar del deporte, pero al mismo tiempo tener una enorme ambición", explicó en diálogo con BBC Mundo.

Más que un sistema de entrenamiento, el idrettsglede representa una forma de vida profundamente arraigada en la cultura noruega. La premisa es sencilla: los niños deben practicar deporte porque les gusta y no por la presión de obtener resultados o satisfacer expectativas externas.

Sin embargo, el énfasis en la diversión no implica renunciar a la excelencia. Según Øvrebø, el placer por competir y el deseo de superarse pueden convivir perfectamente. De hecho, sostiene que esa combinación hace que quienes tienen grandes aspiraciones disfruten todavía más del proceso.

Esta visión tampoco fue diseñada con el único objetivo de producir campeones. El deporte forma parte de la identidad social del país y se desarrolla, en gran medida, gracias al compromiso de familias, entrenadores y clubes que trabajan de manera voluntaria.

Además, el Estado y los municipios acompañan ese modelo mediante una amplia red de instalaciones deportivas distribuidas en todo el territorio, promoviendo también hábitos vinculados con la salud y la actividad al aire libre.

La prioridad es que cada chico tenga la posibilidad de elegir la disciplina que más le interese y encuentre su propia motivación antes de afrontar mayores exigencias. Por ese motivo, la profesionalización suele postergarse hasta los 15 o 16 años y se incorpora de forma gradual.

Hasta esa etapa, la cultura deportiva noruega evita poner el foco en los resultados. La razón, explica Øvrebø, es que cada niño evoluciona a su propio ritmo: algunos participan por diversión y socialización, mientras que otros descubren más adelante su deseo de convertirse en deportistas de alto rendimiento.

El objetivo es que la motivación nazca de manera genuina. Los jóvenes entrenan porque disfrutan hacerlo y quieren explorar su potencial, no para responder a la presión de los adultos.

Esa filosofía también queda reflejada en la normativa que regula el deporte infantil. La Carta de Derechos del Niño en el Deporte y las Disposiciones sobre el Deporte Infantil, de cumplimiento obligatorio para los clubes afiliados, buscan proteger el desarrollo de los menores y reducir la presión competitiva.

Aunque los niños compiten con frecuencia, las reglas limitan la importancia de las clasificaciones y los resultados durante los primeros años. "A los chicos les encanta competir. Lo que retrasamos no es la competencia, sino la obsesión por los rankings y las posiciones", señaló Øvrebø.

En ese marco, las tablas de posiciones y las listas de resultados recién pueden utilizarse a partir del año en que los niños cumplen 11 años y siempre que se considere apropiado. Además, no pueden disputar campeonatos nacionales, europeos o mundiales hasta los 13 años, mientras que las competencias regionales generalmente comienzan a partir de los 11.

Durante sus primeros años, los más pequeños juegan únicamente dentro de su localidad y, conforme crecen, empiezan a participar en torneos con municipios cercanos, siguiendo un proceso progresivo que prioriza el aprendizaje y el disfrute por encima de la presión competitiva.

Fuente: https://www.diarioregistrado.com/deportes/que-es-idrettsglede--la-filosofia-noruega-que-potencio-a-haaland-y-sus-companeros-en-el-mundial-2026_a6a56829f73b2e6c55441124f

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