Julián Álvarez fue uno de los grandes protagonistas de una noche inolvidable para Argentina. Después de una dura batalla ante Suiza, que terminó con victoria 3 a 1 y el pase a las semifinales del Mundial, el delantero volvió a mostrar por qué es uno de los jugadores más queridos por los hinchas argentinos.
Porque después de dejar todo en la cancha, el mismo Julián que durante el partido fue un guerrero, peleando cada pelota y corriendo hasta el último minuto, cambió el rol de héroe por el de papá: fue a la tribuna a saludar a su familia, se sentó como un hincha más y terminó haciendo dormir a su bebé en brazos.
Una postal que resumió todo: mientras un país festejaba una nueva hazaña mundialista, él encontró su propio festejo y el más importante.