Por José Luis Lanao
El Mundial del mal olor, con la sociedad Trump-Infantino.
Cualquier plato elaborado con exquisitos ingredientes basta con añadirle un diente de ajo para que todo sepa y huela ajo. Su sabor se apodera del entorno y se instala en el paladar de todos los comensales. Lo que sucede con el ajo en la cocina sucede con Trump. Todo huele a Trump.
El omnipresente “agente naranja” continúa con su cruzada “liberadora”: caños y bombardeos. Es un hombre multidiciplinar. Estos días dejaba caer varios misiles sobre Teherán, mientras le pegaba un telefonazo a Infantino para modificar una decisión arbitral. Que talento. Ha construido un sistema de normalización del horror tan eficaz que ya no hace falta ni órdenes, ni censura. La barbarie ya no se oculta, ni se la cuestiona. Queremos vidas esponjosas, ligeritas, licuadas, con poco peso, para distraernos. Quienes hoy cierran los ojos deberían recordar que quien normaliza el comportamiento de un sujeto así eleva su propia inmoralidad. Mientras transigimos con cada silencio o gesto de indulgencia, con cada crítica aplazada, ampliamos su margen de impunidad.
La mentira ya no es lo que era. Hoy es todo credibilidad. Este Mundial huele a ajo. Se suceden las falsedades de Gianni Infantino para conformar un torneo a la medida del presidente norteamericano. “Me llamó Trump, pero deciden los órganos disciplinarios”, declaró ante la expulsión de Balogun. Tan disciplinados que decidieron anular la decisión arbitral. El presidente de la FIFA debe recordar lo de “usar y tirar” por parte del gendarme global: Elon Musk; Mike Pence, su vicepresidente; Nikky Haley, embajadora ante la ONU; Chris Christie, uno de los primeros pesos pesados; Steve Bannon, estratega de su campaña; John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional; Michael Cohen, su abogado personal; James Mattis y Mark Milley, altos mandos militares.
Se dice que Mauricio Pochettino ya se encuentra en Guantánamo por ineficaz y “sudaca”. Ante la eliminación de EEUU ante Bélgica, Trump solo declaró: “Ninguna otra Nación puede hacer lo que nosotros hacemos”. Eso es verdad. Huesos, escombros, niños gaseados, tortura y muerte, compartidos, al mismo tiempo, con caños, gambetas y rabonas. Todo junto, en la misma realidad. Esto solo puede venir de una mente criminal, de un psicópata consentido.