Si Donald Trump quiere mandar en el mundo según sus propias reglas cómo no iba a hacerlo en la Copa del Mundo.
El propio presidente estadounidense reconoció abiertamente que influyó sobre Gianni Infantino para que revisen la sanción disciplinaria que recibió Folarin Balogun, el centrodelantero del equipo dirigido por Mauricio Pochettino.
Lo ridículo de la decisión es que a Balogun no lo indultaron sino que le postergaron la sanción, a cumplir durante el próximo año.
Trump quiso llevar agua para su molino y se vanaglorió de su poder de presión, irritando a los futboleros de todo el mundo.