En el medio de una serie de encuestas que estaban haciendo los medios entre los participantes al acto por el Día de la Bandera en Rosario, un hombre comenzó a quejarse de todo lo que tenía que pagar más caro a pesar de que la inflación oficial dice que la economía marcha sobre rieles.
En ese momento un libertario que pasaba por ahí lo escuchó decir que le habían aumentado la harina y saltó como leche hervida a asegurar que la harina no había aumentado.
Pero lo que el seguidor del Presidente no sabía era que estaba hablando con el dueño de una fábrica de medialunas, una pyme cuyo principal materia prima es justamente la harina y que la compra periódicamente por lo que nadie mejor que él para analizar el comportamiento del precio de este producto en particular.
Para tratar de zafar el libertario quiso asegurar que lo estaban cagando, pero ya era demasiado tarde y el ridículo se había apoderado de la situación.