La marcha del 3J tuvo una clara impronta antigubernamental por la decisión de los libertarios de dar una "batalla cultural" contra el feminismo.
Dado que ni siquiera quieren hablar de femicidio, sus espadas mediáticas -como Mariana Brey- se vieron en problemas para mostrar empatía con las víctimas pero evitar que el reclamo le caiga a Javier Milei.
Brey tuvo que aguantar estoicamente la paliza que le dieron Scalora y Dumas cuando trató de minimizar el impacto de la marcha para conseguir modificar la situación de las mujeres.