Enrique dobló la esquina y, oculta entre los árboles, vio la gran casa abandonada. Estaba con Marina, su esposa. La miró, dio unas cuantas vueltas alrededor del viejo edificio y le dijo: “Acá vamos a armar un restaurante de campo”. Así nació la idea de El Payador.
Lee la nota completa en: https://turismocero.com/