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Un gorrión

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Su pecado nacer mujer en un pueblo común, en un hogar humilde y ser hija fuera de matrimonio de un hacendado y, que llegada a la gran ciudad del portentoso puerto, conoce a un coronel populoso y nacionalista con quien se casa y se convierte en adalid de los pobres. Joven aguerrida y fanatizada en la causa de la justicia social, bandera enarbolada por el coronel y por la cual luchó hasta el último hálito de vida, cuando muere a los treinta y tres años como consecuencia de un cáncer, con pintadas públicas en las paredes dando vivas a su enfermedad.

Relata en sus memorias:"Hasta los once años creí que había pobres como había pasto y que había ricos como había árboles. Un día oí por primera vez de labios de un hombre de trabajo que había pobres porque los ricos eran demasiados ricos; y aquella revelación me produjo una impresión muy fuerte. Sentí, ya entonces, en lo íntimo de mi corazón algo que ahora reconozco como sentimiento de indignación. Nunca pude pensar, desde entonces, en esa injusticia sin indignarme. Hasta los pobres creen que la miseria que padecen es natural y lógica. Se acostumbra a verla o sufrirla como es posible acostumbrarse a un veneno poderoso. Yo no pude acostumbrarme al veneno y nunca, desde los once años, me pareció natural y lógica la injusticia social".

Ahí, a esa tierna edad ya incubaba en esa cabecita de gorrión las ideas revolucionarias de Evita. Ella se reconocía a si misma en el prólogo de su libro La Razón de mi vida, "....yo no era ni soy nada más que una humilde mujer...un gorrión en una inmensa bandada de gorriones, vaya gorrión que deslumbró al mundo y recibió honores y condecoraciones en representación de Argentina por parte de los gobiernos y reyes de los países europeos, vaya gorrión que hizo temblar a la oligarquía vernácula serviles de los intereses antinacionales y cuyo odio se extendió más allá de su muerte, al punto de secuestrar su cuerpo embalsamado, mutilarlo y hacerlo peregrinar en un macabro cortejo clandestino.

Por Aguedo Gómez
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