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Sociedad

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Sergio González, de la Sucursal del Cielo a misionar al país que fue ateo

Por la pandemia de coronavirus, su ordenación se realizó en un pequeño pueblo extranjero, que ya adoptó como su segundo hogar. De visita en su terruño, ofició una misa especial y habló sobre las actividades religiosas, San Antonio y el matecito.

La distancia geográfica entre su nuevo hogar y la tierra en la que dio sus primeros pasos es extensa. Pero al menos una vez por semana se acorta con una llamada por WhatsApp. Un periodo de tiempo que se conecta con sus seres queridos que viven en la tierra donde nació -Curuzú Cuatiá- y durante el cual desaparece una de las barreras más difíciles de superar: el idioma.

Escribir y hablar en albanés no es sencillo. Sergio Andrés González lo sabe muy bien. Fueron tiempos difíciles, esos en los cuales se sintió solo aunque estuviera rodeado de gente. Es que no podía entender lo que decían los demás y tampoco lograba que los otros comprendieran las palabras que pronunciaba.

Al principio, una maestra trataba de enseñarle el nuevo idioma. Sin embargo, no pudo avanzar mucho. Alcanzó a hablar en albanés con mayor fluidez, escuchando a quienes le hablaban en la parroquia ubicada en un pequeño poblado de Albania que se llama Ungrej.

"Como los niños que escuchan, escuchan y después poco a poco comienzan a entender", rememoró Sergio, el joven curuzucuateño que el 8 de septiembre de 2021 fue ordenado sacerdote en Albania. Una ceremonia que estaba prevista que se hiciera en su terruño, pero la pandemia del coronavirus generó cambios en los planes.

Sus padres Luis González y Estela Romero no pudieron abrazarlo ese día. Al igual que sus hermanos y demás seres queridos, observaron aquel acontecimiento por Internet. Por eso, durante su visita a su pueblo natal, González ofició una misa en la parroquia San Juan Bosco.

Allí, el pasado martes 21 de junio desarrolló su primera celebración especial, en la cual contó con el acompañamiento de una considerable cantidad de feligreses; entre ellos, los integrantes de su familia.

Mudanza

Ese cambio de planes no fue el único. Quizás uno de los más importantes fue dejar sus estudios universitarios de Arquitectura en Resistencia (Chaco) para comenzar su camino en el sacerdocio. Se mudó al seminario ubicado en Virrey del Pino (Buenos Aires). Un lugar donde permaneció desde 2013 y hasta 2019.

Después de varias décadas de ateísmo obligatorio fijado por el régimen comunista que cayó a principios de la década del 90, la nueva Constitución de Albania (1998) estableció pautas destinadas a promover la convivencia religiosa. Por eso, en su artículo 10 -entre otros conceptos- se puede leer que "en la República de Albania no existe ninguna religión oficial"; "el Estado es neutral en cuestiones de creencias y conciencia", "garantiza la libertad de expresión en la vida pública" y "reconoce la igualdad de las comunidades religiosas.

Tierra de beatos

Ante ese cambio de postura, la iglesia católica hace más de tres décadas comenzó a enviar misioneros. En ese contexto, en 2016, el papa Francisco beatificó a 38 mártires de Albania y concedió el capelo cardenalicio a uno de los pocos sacerdotes que sobrevivió a esa época en la que estaba prohibida la religión.

Pero además de esos reconocimientos a quienes cultivaron la fe en esas tierras, ahora la feligresía brinda su apoyo a los que por estos días enseñan sobre el catolicismo. "Por ejemplo, a nosotros nos invitó el obispo Octavio Vitale, que es italiano, pero vive en Albania hace casi 30 años", indicó el sacerdote curuzucuateño.

Tras lo cual comentó que "él nos proporcionó una parroquia donde vivir, nos ayuda a sostenernos y se ocupa de conseguir a quienes colaboran económicamente para mantener las misiones". Inclusive para que González pudiera viajar a su tierra natal, recibió ayuda del movimiento que integra (Hogares Nuevos) y de familias de allá que de forma voluntaria apoyan la evangelización.

"Vivimos de la providencia divina que se expresa a través de ellos", remarcó.

Predilecto

Ante la consulta de si los feligreses que concurren a su parroquia tienen predilección por algún santo, el sacerdote curuzucuateño no vaciló en afirmar: "San Antonio de Padua allá es más importante que Jesús". Y eso se traduce en la concurrencia a misa, porque "van más los martes -que es el día dedicado a ese santo- que los domingos", afirmó en diálogo con República de Corrientes.

A diario

Ante la consulta de cómo es un día allá, el sacerdote contó que su apostolado se divide en dos. Por un lado, le dedica tiempo a cumplir con los objetivos de la diócesis de Albania, tales como oficiar misas, atender a quienes están sufriendo alguna enfermedad y visitar a las familias más lejanas.

Por el otro, también destina horas de su jornada para desarrollar tareas que están definidas por Hogares Nuevos, el movimiento al cual pertenece el joven sacerdote.

"Después me trasladaron a una comunidad de Salto (Uruguay). Ahí estuve cuatro o cinco meses. Recibí la invitación para ir a Albania y acepté. Así que partí para ese nuevo destino, en septiembre de 2019", rememoró el sacerdote curuzucuateño.

Se unió de esta forma a la tarea de misionar en un territorio donde no pocos pobladores nacieron bajo un régimen que prohibía la religión. Una restricción que quedó plasmada en el artículo 37 de la Constitución albanesa de 1976 en la cual se leía: "El Estado no reconoce ninguna religión y apoya la propaganda atea para implantar una perspectiva materialista científica mundial en el pueblo". Y en el Código Penal de 1977 condenaba a prisión -de tres a diez años- a quien realizara «propaganda religiosa y la producción, distribución o almacenamiento de literatura religiosa".

Llevar adelante esas tareas no siempre resulta sencillo. Es que -después de tantos años de estar prohibida la religión, en muchas casas no hay interés en la iglesia ni en la fe. "Eso no significa que sean irrespetuosos o que generen daño a los demás, simplemente no les interesa la religión", aclaró.

Sin embargo, destacó que hay pobladores que, pese a la prohibición, mantuvieron la fe de manera privada. "Por ejemplo, las abuelas siempre rezaban el rosario o elevaba una oración.

Eso se fue transmitiendo. Y así lograron tener una fe sencilla, pero fuerte", aseveró el joven correntino.

En Albania también persisten tradiciones que González considera algunas buenas y otras no.

Para graficar sus dichos, en el primer grupo señaló por ejemplo que las parejas se casan jóvenes y eso les permite tener hijos con los que forman sus respectivas familias.

Mientras que en el segundo grupo indicó que "la venganza aún se acostumbra. Es algo que poco a poco se va erradicando, pero todavía hay quienes la practican cuando sienten que alguien les hizo daño".

Matecito

Además de desarrollar actividades religiosas, el sacerdote curuzucuateño a diario sigue practicando una de las costumbres del Taragüí: tomar mate.

"Tratamos de usar la yerba con mucho cuidado, utilizamos un mate chiquito", comentó el curuzucuateño sobre el producto, que en ese país es importado y por consiguiente tiene un costo considerable.

Teniendo en cuenta eso, República de Corrientes le consultó cómo hacen para conseguir la materia prima esencial para esa infusión tradicional. "Compramos en otro país y nos envían por encomienda y a veces nos regalan", respondió el joven que nació en la localidad correntina conocida como la Sucursal del Cielo, pero que ya adoptó a Ungrej como su segundo hogar. (C.C). Diario La República

UN SACERDOTE CURUZUCUATEÑO EN ALBANIA HISTORIA DE VIDA
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