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Opinión del Lector

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Universidades, soberanía y una sorpresa

Mempo Giardinelli

Mempo Giardinelli

Desde hace un tiempo, y sin buscarlo, llegan a esta mesa periodística informes y evidencias, algunas asombrosas, acerca de inesperadas ofertas de estudios en universidades públicas argentinas. No es nuevo el fenómeno: desde hace años, y cada vez con más frecuencia, se ofrecen y dictan en institutos y facultades todo tipo de "posgrados", "seminarios" y cursos que deben pagarse, y a veces mucho.

Algunos de esos cursos se autojustifican en que "sería imposible la gratuidad", a causa de "las limitaciones presupuestarias" que afectan al sistema universitario argentino. Claro que ese argumento no autoriza privatizaciones en las casas de estudios de un país que se enorgullece, según datos oficiales, de contar con 66 universidades de gestión pública en las que cursan gratuitamente unos dos millones y medio de estudiantes, según lo dispuesto por la Ley N° 27204/15: “Los estudios de grado en las instituciones de educación superior de gestión estatal son gratuitos e implican la prohibición de establecer sobre ellos cualquier tipo de gravamen, tasa, impuesto, arancel o tarifa, directos o indirectos”.


En cambio, en las 63 universidades de gestión privada cursa una clara minoría que obviamente puede pagar esas cursadas. Así lo evidenció en 2020 el actual ministro y entonces secretario de Políticas Universitarias, Jaime Perczyk, al decir que: “Las Universidades públicas brindan educación a 8 de cada 10 estudiantes”.

Así las privadas compiten con las públicas ofreciendo estudios relacionados en general con la economía, el comercio exterior y las industrias extractivas y de exportación. Pero si los campos se parecen, la diferencia está en la penetración de idearios de las privadas en las públicas por medio precisamente de seminarios y posgrados que, encima, no siempre son gratuitos.

En muchos casos se dictan (es moda decir "se ofrecen") carreras cortas y/o posgrados que promueven e inculcan ideologías disimuladamente antisoberanstas, cuando no abiertamente al servicio de intereses empresariales extranjeros, lo que contraría la misión misma de nuestro sistema universitario, que, desde 1949, año de su fundación, ha sido –salvo oscuros períodos dictatoriales– abierto, gratuito y formador de generaciones de profesionales, científicos e investigadores con fuerte y decidida impronta nacional.

Hay acuerdo generalizado en que la educación superior argentina no debe estar al servicio de intereses, postulados y orientaciones antinacionales. No obstante, repasos sinceros de las ofertas de "cursos" o "extensiones", poniendo ojos y atención en los programas, delatan que sobran contenidos que lesionan la soberanía argentina sobre sus bienes naturales.

Bueno sería que por lo menos en una primera veloz etapa se identificaran y reconocieran las sutiles formas de colonización cultural y pedagógica que circulan en los claustros, lo que es particularmente grave en estos tiempos de polarización y agresividad de los poderes globales. El Estado no sostiene la universidad gratuita para que se aprovechen las grandes empresas y monopolios transnacionales.

La República Argentina ha sido tolerante y "zonza" frente a las avivadas de intereses foráneos y de multinacionales expertas en "asistencias" brindadas con el remanido cuento de complementariedades, extensiones o "asistencias" que tantas veces se llevaron conocimientos paridos en nuestras universidades o se quedaron con registros de patentes. Talento argentino no falta; sí políticas de resguardo.

En estos meses en que nuestra extraordinaria riqueza hídrica está a punto de ser privatizada y extranjerizada nuevamente, para exclusivo beneficio de legiones de cipayos que estudiaron en universidades públicas, es imperativo quebrar el silencio tenaz y engañoso que se vale de cátedras y posgrados al servicio de transnacionales decididas a liquidar toda soberanía que limite sus negocios. Sean "institutos", posgrados o simposios, sólo sirven para explotar nuestros bienes y negarnos soberanía sobre el Paraná y el Canal Magdalena. Y lo mismo sucede con el litio, el petróleo, el oro y el cobre que el subsuelo argentino tiene en cantidades fabulosas.

Las Universidades Nacionales no deberían aceptar modernidades que son, en realidad, puros afanes extraccionistas y a la vez violaciones humillantes a nuestro pueblo con tal de consolidar ellos sus matrices en el Hemisferio Norte.

Podrá decirse que hay en estos párrafos generalizaciones exageradas, pero la materia de este artículo no es un debate menor sino develar la dramática y creciente colonización –cipayización sería el término apropiado– de docentes que se prestan, conscientes o no, a jugar del lado de la lenta pero poderosa destrucción de nuestra nacionalidad y soberanía.

Y sirva como ejemplo una amable invitación que llegó, anónima, a la mesa de trabajo del columnista y que parece provenir de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) en asociación con el Centro Paraguayo de Ingenieros.

El inesperado convite es a participar de la "Cuarta jornada sobre la Hidrovía Paraguay-Paraná", que se realiza este fin de semana en Asunción, Paraguay, con apertura a cargo del Ministro de Obras Públicas de ese país; el Decano de la Facultad de Ingeniería de la UNNE, ingeniero Mario de Bortoli, y el Presidente del Centro de Ingenieros Paraguayos, Amilcar Troche. De la UNNE también participa el profesor Ingeniero Benicio Szimula y hay un nutrido elenco de personalidades que analizarán "proyectos de marcos regulatorios de interés del Ministerio de RREE del Paraguay y luego un capítulo sobre dragado de ríos en general", a cargo de otro argentino, el Lic. Guillermo Pagliettini.

Pero lo más asombroso es que de las varias mesas previstas con participaciòn de ingenieros y expertos en comercio exterior (también de Bolivia y de Brasil) habrá un "intercambio de experiencias de dragado", cuyo cierre estará dedicado al "tramo Río de la Plata-Rosario" a cargo del Grupo Jan de Null y su Expositor, Sr. Fernando Caviglia".

El Congreso terminará con una "visita al astillero 'La barca del pescador' y el puerto privado 'Terport S.A.' y luego habrá un almuerzo. Pero la frutilla del postre será la mesa más asombrosa, titulada "Experiencias en la Hidrovía del río Misisipi (sic)" que estará "a cargo de Daniel Lincowsky, Jefe de la Divisón de Planificación y Política del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (USACE)".

Lo asombroso, desde luego, también ha de remitir al conflicto que acaso padecerá este señor, rodeado de entregadores de ríos, hablando del país que mejor cuida sus vías fluviales.

Porque es la US Army la encargada de la seguridad en el Mississippi y otros ríos, y es la Marina, la US Navy, la encargada de dragar y balizar y de la política portuaria de ese país. Como debe ser, en ese y otros países donde no se cambia el nombre a los ríos, que, como todos los ríos del mundo, son parte de la cultura y tradiciones de los pueblos.

En ese curioso y superpoblado ambiente ­–en el que no figura ninguna mujer, escrito sea de paso– seguramente se profundizarán políticas y estrategias favorables a la destrucción (que no otra cosa es) de nuestro río Paraná. Este cronista no sabe, ahora, si la invitación recibida fue un error o una cargada.

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