Por Tona Galvaliz
Pasamos aproximadamente entre una quinta y una cuarta parte de nuestra vida consciente trabajando.
Por eso la discusión sobre el trabajo es, en realidad, una discusión sobre la calidad de vida.
Si el trabajo ocupa una porción tan importante de nuestra existencia, surge una pregunta inevitable: ¿tiene sentido dedicar tantos años a una actividad que no nos gusta, no nos representa o no expresa nuestros talentos?
La pregunta no es menor, porque el trabajo no sólo produce ingresos, también produce emociones, identidad, autoestima, vínculos, realización, bienestar o sufrimiento.
El error de una cultura que sólo pregunta cuánto ganamos.
Durante mucho tiempo nos enseñaron a elegir una ocupación en función de la seguridad económica y la pregunta principal era:"¿De qué vas a vivir?"
Pero pocas veces alguien preguntaba:"¿Qué te apasiona?" "¿Qué actividades te hacen perder la noción del tiempo?""¿Qué capacidades surgen naturalmente en vos?""¿Qué necesidades humanas te conmueven y te gustaría ayudar a resolver?"
Reducir el trabajo a un salario ha generado una paradoja moderna: personas económicamente activas pero emocionalmente desconectadas de sí mismas.
¿Cómo saber qué amamos realmente?
Muchas personas creen que no tienen vocación, sin embargo, en la mayoría de los casos la vocación no está ausente, está tapada por años de exigencias, mandatos familiares, urgencias económicas o falta de oportunidades, comparto algunas preguntas en tono personal que pueden ayudar a redescubrir lo que amamos:
• ¿Qué hacía espontáneamente cuando era niño?
• ¿Qué temas me interesan incluso cuando nadie me paga por ellos?
• ¿Qué actividades me generan energía en lugar de agotarme?
• ¿Qué problemas del mundo me gustaría ayudar a resolver?
• ¿Qué habilidades reconocen los demás en mí?
• ¿En qué momentos siento que soy más auténtico?
Muchas veces el amor por una tarea no aparece como una revelación instantánea, aparece como una sensación persistente de interés, curiosidad y vitalidad.
El talento como brújula
Amar algo no siempre significa ser bueno en ello, pero cuando pasión y capacidad comienzan a encontrarse, aparece una señal importante. Los talentos suelen manifestarse de manera sencilla, aquello que para nosotros resulta natural puede ser extraordinariamente valioso para otros.
Hay quienes tienen facilidad para enseñar, escuchar, organizar, crear, investigar, liderar, reparar, comunicar o cuidar, descubrir esos talentos no es un acto de egoísmo, es una forma de poner nuestros mejores recursos al servicio de la comunidad.
Herramientas para acercarnos a una vida laboral más auténtica:
No siempre es posible abandonar de inmediato un trabajo que no nos satisface, pero sí es posible comenzar una transición.
Algunas estrategias son:
• Destinar algunas horas semanales a explorar intereses genuinos.
• Capacitarse en áreas que despierten entusiasmo.
• Participar en proyectos comunitarios o voluntarios.
• Conversar con personas que ya trabajan en aquello que admiramos.
• Conversar con personas que ya trabajan en aquello que admiramos.
• Conversar con personas que ya trabajan en aquello que admiramos.
El cambio suele comenzar con pequeños movimientos sostenidos en el tiempo.
Una nueva conversación sobre trabajo y sustento:
Tal vez uno de los grandes desafíos del futuro sea separar parcialmente la supervivencia económica de la realización personal.
Las propuestas de renta básica universal, ingresos ciudadanos o sistemas de apoyo social plantean una pregunta profunda: ¿Qué ocurriría si las personas tuvieran garantizadas sus necesidades básicas?
Probablemente muchas descubrirían talentos hoy ocultos por la necesidad de sobrevivir, artistas, investigadores, cuidadores, emprendedores sociales y creadores podrían aportar valor desde sus capacidades más genuinas.
La verdadera riqueza:
Quizás una sociedad saludable no sea aquella donde todos tienen empleo, quizás sea aquella donde la mayor cantidad posible de personas puede desarrollar sus talentos, encontrar sentido en lo que hace y contribuir al bienestar común, porque el objetivo final no debería ser únicamente trabajar para vivir, debería ser vivir plenamente también mientras trabajamos.
Si una cuarta parte de nuestra vida transcurre trabajando, entonces la pregunta no es sólo económica, es profundamente humana y tal vez la gran tarea de nuestro tiempo consista en ayudar a cada persona a descubrir aquello que ama, aquello para lo que tiene talento y aquello que puede ofrecer al mundo con alegría y propósito.
Te mando un beso inmenso TG
FB/LinkedIn: María Antonia Galvaliz
Counselor – Logoterapia – Biodecodificación – Coaching Ontológico y Sistémico – Speaker – PNL – Coaching WingWave – Escritora Columnista – Desarrollo Humano Personal