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Opinión del Lector

Somos cómplices

JULIO GEREZ

Por JULIO GEREZ

Si lo obvio nos encandila, es porque aún sin cerrar los ojos fingimos no ver. Así estamos, inmersos en un Cambalache dignamente representado por los versos de Discépolo.

La corruptela generalizada no es una novedad. Ni lo será en el futuro. Porque todo poder político-empresario sólo llega al clímax cuando conjugan el hacer, paralelamente con el ganar.

¿Hay corrupción? Sí. Y no es estacional, mucho menos casual. Es una condición inherente al poder. La política necesita de fondos y las empresas necesitan de obras. Ergo, el precio es lo de menos. Porque ninguno de los dos pagan y, paradójicamente, los dos cobran.

Es decir, pagamos nosotros, como siempre. Pagamos por todo, a través de una infinidad de impuestos.

SOMOS CÓMPLICES… EN SILENCIO

No se cuantos millones seremos, pero son varios los que, ante el robo visible -descaradamente publicitado- bajan la cabeza y aceptan impávidos la inmoralidad.

No es culpa del chancho y sí de quién les da de comer: NOSOTROS. Estamos condenados al éxito, desde que todos -sin excepción- hacen del cargo público un negocio rentable, y de la cosa pública un negocio privado. Lo dijo Duhalde -hace años-, y no lo dijo en joda.

No es por ignorancia está predisposición a que nos metan el dedo y lo revuelvan, sin que siquiera se nos mueva un pelo de las cejas. Es lisa y llanamente complicidad. Somos y, recalco, somos sometidos; más por fanatismo orgásmico que por convicción ideológica o responsabilidad ciudadana.

EL FUTURO ES UNA ORGÍA

Como viene la mano, el menú -otra vez sopa- es la exultante y sensual transversalidad. Que es simplemente despojarse de principios, bajo la excusa de las circunstancias que imponen un aggiornamento del accionar político, sobre la base de que el acto supera al argumento. Aunque el primero sea ilegal y el segundo, una idea obsoleta.

No cambian la moral y la ética. Mudan los comportamientos del ciudadano ante ellas. Es decir, lo que se come; se usa; o se vende, lo primario o primitivo, esta exento de consideraciones sociales y filosóficas. Cero mérito. Menos diez, en cuento al respeto y la consideración de las leyes.

Los políticos tienen el monopolio de la impunidad. Y esa inmunidad artificial, les permite prostituir la democracia. Hacer de la institucionalidad una comedia casi pornográfica. Ayudados, obviamente, porque educación cívica dejó de ser algo aprendible y practicable.

PERDONADOS…

Somos irreverentes. Le pedimos perdón a la víctima, y para colmo, somos victimarios de nosotros mismos. Argentinos y Correntinos, somos hoy y hemos sido, detractores de nuestra propia buenaventura. Por chantas, no por otra razón esgrimida con sustento.

No me alcanzan estás palabras para exculparme. Cuando me exilié, no por cobardía o por escasez de coraje, lo hice para no andar a los tiros “eliminando” a los que en realidad nunca van a morir. Los malos políticos son una consecuencia de nuestra propia impericia; fruto de nuestra ignorancia; y, resultado inevitable de nuestra falta de formación ciudadana.

De nada me sirvió volver a mi país y luchar por un ideal condenado al fracaso. Es que la honestidad no es una virtud de los actores poderosos, es una insuficiencia que surge de nosotros mismos, que les damos el mandato. Porque somos nosotros los que equivocamos la boleta. Individualmente y a solas, somos quienes optamos por el menos malo; pero aún sabiendo que no es bueno, no lo controlamos, ni le exigimos, ni condicionamos.

Parece que, para ser ciudadano en nuestro país y en nuestra provincia, es suficiente cumplir con el ritual de cantar el himno; inevitablemente, pagar impuestos; y obligados, sin comprometernos, concurrir a votar.

Pero ser argentino o correntino no implica cagarse uno mismo. Aunque los políticos se empeñen en inculcarnos que lo incorrecto es válido, y nos den el ejemplo postulando con sus acciones:

LA MENTIRA

LA HIPOCRESÍA

LA INDIFERENCIA

LA INSENSIBILIDAD

Si alguna de éstas cuatro condiciones no te afectan en el día a día, perdón, estas reflexiones no son para vos.

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