Por María Antonia Galvaliz
Hay una ilusión muy instalada: la de una vida sin esfuerzo, sin tropiezos, sin pérdidas, pero lo cierto es que los caminos fáciles no nos llevan lejos, son cómodos, ¡sí!, pero no forman carácter, no despiertan talentos ocultos, no nos transforman; la adversidad, en cambio, sí.
Es en los momentos difíciles donde conocemos de qué estamos hechos, no en los buenos tiempos, sino en las noches oscuras, cuando todo se tambalea y sin embargo decidimos seguir, cuando parece que no hay salida y, sin embargo, nace una luz interna.
Los enemigos, los tropiezos, las caídas, las decisiones erradas, son parte del viaje, y no vienen a destruirte, sino a enseñarte, a veces, son ellos los que te empujan a descubrir tu fuerza, tu voz, tu coraje, tu camino auténtico, por eso, bendecir a los enemigos es un acto de sabiduría, porque te devuelven a vos mismo con más poder que antes.
Cuanto más adversa es una circunstancia, más profundamente la vida cree en vos. Nadie llega a ser fuerte si no ha cruzado tormentas. La vida empieza verdaderamente cuando termina la zona de confort.
Cada decisión, incluso la equivocada, es una lección; el error no es el problema; lo importante es qué hacés con eso que pasó. La experiencia no se compra: se vive.
¿Y si en vez de preguntarte “por qué a mí”, empezás a preguntarte “para qué me está pasando esto”? ¿Qué parte tuya necesita despertar? ¿Qué tesoro estás por descubrir?
Al fin y al cabo, no es lo que te pasa lo que te define… sino lo que hacés con eso que te pasa.
Cuando la vida te pone a prueba, ¿qué te habita por dentro? En los momentos de crisis, algo más grande que el ego se activa. El cuerpo tiembla, la mente se enreda, el corazón duele, pero también despierta algo profundo y sagrado: una fuerza interior que tal vez ni sabías que tenías,
una voz que dice: seguí, resistí, confía, algo bueno vendrá de esto.
Cuando aparece un enemigo, una traición o una injusticia, no es solo el dolor lo que se despierta; también emerge el sentido de dignidad, de elección, de frontera, de claridad.
A veces creemos que lo que nos destruye es el otro; pero en realidad, lo que más nos daña es cómo nos tratamos a nosotros mismos en medio de esa tormenta. ¿Nos juzgamos, nos culpamos, nos victimizamos? ¿O elegimos pararnos con amor, con templanza y con humildad ante lo que la vida nos trae?
La actitud que transforma: La adversidad puede encender resentimiento o despertar conciencia,
puede encerrarte en el enojo, o abrirte a la transformación. La clave está en cómo miramos lo que nos pasa.
Porque nada tiene poder sobre vos si vos no se lo das. Porque un enemigo puede mostrarte tus límites, pero también enseñarte a decir que no. Porque un error puede doler, pero también pulirte como diamante.
Entonces, ¿qué actitud nos ayudaría en esos momentos?
• Aceptar el proceso: No todo tiene que resolverse ya. Estás en construcción.
• Ser amable con uno mismo: No te castigues por lo que no sabías antes.
• Escuchar el mensaje oculto: ¿Qué te está enseñando esta experiencia?
• No tomarlo personal: Muchas veces, lo que el otro hace habla más de él que de vos.
• Elegir crecer en vez de endurecerte.
Porque al final, la verdadera fortaleza no es volverse de hierro, sino aprender a amarte más fuerte incluso en tus caídas.
¿Y si ese enemigo, ese obstáculo o ese error no vinieron a frenarte, sino a revelarte quién estás destinado a ser?
Te mando un beso inmenso TG.
IG Tona Galvaliz. FB/LinkedIn. María Antonia Galvaliz. Counselor-Logoterapia-Biodecodificación- Coaching Ontológico y Sistémico- Speaker- PNL- Coaching WingWave- Escritora Columnista- Desarrollo Humano personal y organizacional.