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Opinión del Lector

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La salida es agropandémica

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Francisco M Pertierra Cánepa

Francisco M Pertierra Cánepa

Para lograrlo deben trabajar de forma planificada y sinérgica las cadenas productivas y los tres niveles de gobierno, creando un ecosistema estable sobre cinco pilares clave.


La recuperación argentina está ligada inexorablemente al “campo” pero navega en aguas turbulentas y con horizonte indefinido dado que la política agropecuaria se debate entre las restricciones a la exportación, las reformas pendientes, los conflictos por el uso del suelo y el derecho de propiedad, la suba de costos y el ahogo financiero empresarial. Como “Dios es argentino” ahora nos llegó una “mano” con la fuerte suba de los precios internacionales, lo que confiemos no se convierta en un salvavidas de plomo.

Sabemos que por los efectos de la pandemia los países de la región tendrán importantes caídas del PBI, algunas mayores al 10%. También, que en Argentina y como parte central de la estrategia para enfrentar el Covid-19, la limitación de la circulación individual afectó brutal y negativamente toda la actividad económica, si bien con diferente intensidad acorde sector analizado, y siendo los más afectados comercio, construcción, turismo y transporte, gastronomía y entretenimiento, y los servicios profesionales independientes.

Por esto, es que la coordinación macroeconómica y productiva entre países es crucial para encarar la nueva normalidad, donde las exportaciones agroalimentarias/agroindustriales serán centrales. Distinta es la situación de cadenas que exportan menos del 30% de su producción y dependen del consumo, como arroz y pollo, o vitivinicultura cuya demanda fue afectada, y gran parte de hortalizas y frutas que son de baja inserción internacional.

Pese a la vulnerabilidad local, sectores con peso propio en el PBI se vieron menos afectados, como el siempre pujante sector agropecuario argentino que siguió invirtiendo a pesar de adversidades climatológicas, falta de políticas estratégicas e impuestos confiscatorios. El sector avanza y tracciona dentro de la tormenta inflacionaria, los mayores costos y el desaliento para la producción.

Pero dada la gravedad de la crisis que implica casi un 50% de nuestra población en la pobreza esto no alcanza, y es imprescindible diseñar políticas activas para impulsar la economía real, especialmente en lo relacionado con la exportación, el uso de tecnología y alta demanda de trabajo, que pueden movilizar rápidamente al inversor local e internacional.

Para lograrlo, deben trabajar de forma planificada y sinérgica las cadenas productivas y los tres niveles de gobierno, creando un ecosistema estable sobre cinco pilares clave: inversiones y producción sostenible; transparencia y gestión; amplio acceso al financiamiento, reformas estructurales y desarrollo de nuevos mercados.

Una responsabilidad fundamental de los líderes mundiales es evitar que el comercio se vea afectado por medidas proteccionistas o populistas que alejan la recuperación. Entonces, es estratégico evitar restricciones en los mercados cuyas nefastas consecuencias ya conocemos y tienen impacto en la seguridad alimentaria mundial.

Ahora bien, para implementar estos proyectos productivos es necesario diseñar un plan estratégico de inversiones que utilice todos los instrumentos jurídicos y financieros participativos, dentro y fuera del mercado de capitales.

Referido a los instrumentos, el uso del fideicomiso para fortalecer los negocios en todas las áreas de la economía no para de crecer y, justificadamente, se convirtió en la estrella por las ventajas que aporta a inversiones participativas, apalancando mejores retornos con menor riesgo del inversor.

Sobre el plan, los negocios potenciales necesitan además del fideicomiso, el trabajo interdisciplinario realizado por idóneos máxime en momentos de incertidumbre y bajas expectativas. Por eso hay que reaccionar y superar esta parálisis para priorizar los sectores dinamizadores con una batería de Fondos de Inversión Directa, mixtos y privados, ya que el diseño y puesta en marcha es un proceso que necesita prudencia y tiempo.

Argentina requiere definir una “nueva Visión” que se construya sobre la base de Educación de excelencia y Justicia independiente, respetando ese norte a través de los años, y asumiendo que el camino es integrado activamente al mundo, lo que fue confirmado por esta pandemia.

El Agro en conjunto tiene la oportunidad de abastecer proactivamente la mayor demanda mundial de alimento y proteína a partir de tecnología agrícola de punta y la recuperación de rodeos cuya producción sea trazable y sostenible, pero también incorporando tierras improductivas como las fiscales, las cuales pueden ser parte de la creación rápida de puestos de trabajo. Por eso el salto es cuanti-cualitativo y el fideicomiso, como instrumento líder, es el aliado clave para lograrlo, especialmente para la mayor parte del esqueleto social que son los medianos y pequeños productores de todas las cadenas productivas regionales, que necesitan también infraestructura y conexiones.

Para poder aspirar responsablemente a cumplir con estas grandes metas, debemos generar las condiciones internas y desarrollar programas exportadores sostenidos en el tiempo, integrando a los productores con la agroindustria, poniendo todo el esfuerzo en generar cantidades sostenibles de producto y nichos de valor agregado internacional.

En medio de una crisis tan profunda, el Estado tiene un rol principal garantizando seguridad jurídico-social, infraestructura al servicio de la mayor producción y los incentivos para multiplicar los proyectos de riesgo privados y la organización de programas estructurados bajo fideicomisos que financien las inversiones asociativas y las mixtas, atraídas por la bondad técnica del buen diseño de proyectos.

Pero necesitamos ser constantes y tesoneros en el camino al objetivo y eso se logra con la continuidad de la Visión a través de las diferentes administraciones, cosa que nunca ocurrió y demuestra el fracaso de todos los gobiernos en los últimos 80 años.

El crecimiento y desarrollo del país necesita un cambio paradigmático hacia la cultura del respeto y el mérito y puede fundarse muy bien a partir de las bases del agro argentino, fidelizando empresarios e inversores de riesgo en las distintas cadenas y con foco en integrar la producción, la ciencia y la industria con las modernas herramientas del mercado de capitales.

Es indiscutible el liderazgo que Argentina puede ejercer en el nuevo contexto mundial post pandemia, pero para ello debe focalizar en el desarrollo de las inversiones productivas, promoviendo sinérgias desde el Estado con reformas estructurales, planificación de infraestructura y transporte que generan empleo, diseño de fideicomisos mixtos donde el Estado ponga en juego inmuebles improductivos y apoyando la creación de círculos virtuosos donde articule la iniciativa privada con el mercado de capitales, el avance tecnológico, el conocimiento académico, la idoneidad y la planificación estratégica. Si en vez de esto, seguimos apostando a intervenciones y restricciones, las iniciativas de inversión seguirán mirando otros rumbos.

(*) Profesor del Master de Agronegocios de UCEMA, Ingeniero Agrónomo y Doctor en Dirección de Empresas, Director Ejecutivo de la AAFyFID

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