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Opinión del Lector

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El teorema de Juan Manzur: Los cambios, la velocidad, las metas

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Mario Wainfeld

Mario Wainfeld

Está de moda aplicar a la política la expresión futbolera “llevarse las marcas”. El jugador que la ejecuta interviene sin tocar la pelota, se mueve y arrastra al marcador, genera espacio para que un compañero avance o patee al arco. A menudo el público ni ve esa maniobra que puede ser determinante. El Jefe de Gabinete Juan Manzur en sus primeros días asume otro rol. Como todos los “nuevos ministros” está hiperquinético y lo hace ver. Se planta en el centro de la cancha, pide la pelota, distribuye juego. Arranca temprano, se va tarde. Conferencias de prensa o anuncios al comenzar y al terminar el día.

Comenzó con el paquete de levantamiento de restricciones causadas por la pandemia acompañado por la ministra de Salud Carla Vizzotti. Un abanico de medidas que deben aclararse en detalle, escalonándose en semanas y meses. Un cambio en la perspectiva vital de la gente común que irá viendo cómo se acomoda a “la nueva normalidad”.

El martes mismo Manzur terminó difundiendo junto al ministro de Trabajo Claudio Moroni la decisión del Consejo del Salario, incrementando en tramos el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM). La reunión estaba fijada antes de la jura en el Museo del Bicentenario.

Los otros ministros entrantes extrovierten dinamismo. Cuentan con una ventaja inicial: no tienen que pagar derecho de piso. Conocen las carteras que le fueron confiadas, actuaron en ellas antes. Más gestión reclamó la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en su carta, más ejecución de presupuesto. “Funcionarios que funcionen” había señalado en la anterior carta de fines del año pasado. El presidente Alberto Fernández encomendó lo mismo a quienes puso en funciones el lunes.

El ministro de Seguridad Aníbal Fernández había comenzado a laburar antes de la ceremonia. Se había reunido con su antecesora Sabina Frederic y puesto en contacto con el gobernador santafesino Omar Perotti. Es más que factible que la relación entre esa provincia y la Nación cambie con el nuevo ministro.

El ministro de Educación Jaime Perczyk carga con una agenda urgente. La pandemia, los vaivenes sobre enseñanza remota y presencialidad convulsionaron la vida cotidiana de las familias. Afectaron a amplias capas de la población, no solo (aunque sí especialmente) a las más humildes.

Julián Domínguez conoce a los interlocutores con quienes comenzará a dialogar-negociar-pulsear. Su anterior paso por el ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca ocurrió poco después del conflicto por las retenciones móviles, germen de numerosas recidivas que se sucedieron después.

Ninguno tiene el éxito asegurado pero todos saben de qué se trata.

La dinámica entusiasma al Gobierno puertas adentro. Sería un nuevo error pensar que los ciudadanos de a pie comparten su percepción, sus vidas transcurren por otros carriles.

Relanzarse es el instrumento, el objetivo es demostrar que se escuchó el pronunciamiento electoral como repitió ayer el Presidente. Para ese efecto, falta lo sustancial: medidas económicas expansivas, amplias, acaso universales. Por eso, aún en el contexto de activismo en la Casa Rosada, tantas miradas se clavan en el reportaje de Víctor Hugo Morales al ministro de Economía Martín Guzmán. La clave sigue estando ahí. Una respuesta abierta sobre una nueva fase del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) imanta la atención, en una de esas “pega” más que la suba del SMVM.

Manzur aceptó el convite de AF asumiendo que su vice Osvaldo Jaldo asumiera como gobernador de Tucumán. Se habían enfrentado en una furibunda Primaria Abierta (PASO) que ganó Manzur. Hasta hace una semana se detestaban, Jaldo era un perdedor que había renunciado a integrar como segundo la boleta de candidatos a diputados nacionales. Ahora llegaron a un acuerdo de convivencia. Si a Manzur le va bien en Nación, Jaldo tendrá altas perspectivas de sucederlo como mandatario provincial en 2023. Un ejemplo anómalo, asombroso, de cómo puede incidir la suerte en las trayectorias políticas.

Otros gobernadores en ejercicio, rechazaron ofrecimientos de Alberto Fernández. El sanjuanino Sergio Uñac y el chaqueño Jorge Capitanich optaron por seguir al mando de sus terruños. A Coqui Capitanich, cuentan fuentes confiables, le ofrecieron una cartera en la que no hubo cambios en definitiva.

Los gobernadores dieron un espaldarazo al presidente (y al gabinete entrante, ya anunciado) en La Rioja el sábado. Sobre la posición de la Confederación General del Trabajo (CGT) remitimos a la nota de Felipe Yapur, publicada en esta misma edición.

El oficialismo la pasó mal la primera semana post PASO. Confía en haber superado la crisis interna.

En el plano electoral, tendría que buscar votos propios persuadiendo a personas que “se quedaron en sus casas o sus barrios”. Con más finura, agregar sufragios distrito por distrito para acrecentar el número de diputados. En un sistema bipartidista casi todas las bancas se consiguen a expensas de la “otra coalición”. Una que se suma es una que se resta al rival… un punto que vale dos dirían los futboleros.

Cobran centralidad La Pampa y Chubut, dos provincias en las que el FdT renueva senadores. Dos en la primera, tres en la segunda. La rareza chubutense obedece a que un legislador que respondía al gobernador Mariano Arcioni se pasó a la bancada del oficialismo nacional.

El 12 de septiembre Juntos por el Cambio (JpC) llegó primero, el FdT segundo, Arcioni tercero. Con ese score el Gobierno perdería dos senadores. En pos de impedirlo, opera para que el mandatario provincial retire su lista. Si eso sucediera confía en capitalizar los votos peronistas, salir puntero y retener dos bancas.

La movida tiene un precedente patagónico. En 2017 el gobernador rionegrino Alberto Weretilneck “bajó” su lista de diputados después de las PASO para beneficiar a JpC en detrimento del FdT. Los cambiemitas le retribuyeron el favor en 2019, no presentando listas para senadores.

“Una medida pro gente cada día” era la consigna de Néstor Kirchner cuando llegó a la presidencia. Sonaba a disparate después de los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa. Pero la fue plasmando. Alberto Fernández que era su Jefe de Gabinete intenta replicarla ahora en condiciones mucho más adversas. La situación económico financiera es más compleja, crueles las secuelas de la peste. Para colmo, Kirchner avanzó desde el primer momento elevando día tras a día el piso que encontró.

El gobierno actual carga con otra pesada herencia pero asimismo con problemas y carencias atribuibles a sus propios desempeños. Comprender el mensaje del cuarto oscuro exige revisarlos, cambiar, demostrarlo con hechos. Renovar el elenco fue el primer paso, los restantes están por verse.

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