Por María Antonia Galvaliz
¿Para qué sirve tener sentido de vida? Tener un sentido de vida no es un lujo filosófico, sino algo profundamente práctico y vital, es un alimento esencial para la mente, el cuerpo y el alma; a continuación, 6 razones de su importancia:
1. Da dirección: Es como una brújula interna nos orienta en las decisiones grandes y pequeñas.
Cuando sabemos hacia dónde queremos ir, es más fácil elegir caminos y descartar distracciones.
“Quien tiene un porqué, soporta casi cualquier cómo” (Nietzsche).
2. Genera motivación: El sentido es un motor que nos levanta de la cama cada día, nos ayuda a sostenernos en tiempos difíciles, porque tenemos un “para qué” más grande que el dolor.
3. Aporta resiliencia: Enfrentar pérdidas, crisis o cambios se vuelve más llevadero cuando comprendemos que forman parte de un camino con propósito, no elimina el sufrimiento, pero le da un marco.
4. Brinda coherencia interna: Nos permite alinear lo que pensamos, sentimos y hacemos, eso genera paz y menos contradicciones internas.
5. Alimenta la salud integral: Estudios en psicología positiva muestran que tener sentido de vida mejora la salud mental, fortalece el sistema inmunológico y prolonga la vida; quien vive con propósito, vive con más vitalidad.
6. Favorece los vínculos auténticos: Cuando tenemos claro qué nos mueve, elegimos con quién compartir el camino, esto fortalece las relaciones que nutren y nos aleja de las que drenan energía.
¿el sentido de la vida viene hacia nosotros o somos nosotros quienes debemos salir a buscarlo?
La verdad es que ambas cosas suceden; a veces el sentido nos sorprende, otras veces debemos trabajarlo como quien cava en la tierra para descubrir agua.
Cuando el sentido nos busca: Hay instantes en que la vida nos sacude y no podemos mirar hacia otro lado: Una pérdida, una enfermedad, un nacimiento, un encuentro inesperado, son momentos en los que pareciera que el universo nos pone frente a un llamado, sin haberlo planeado, nos enfrentamos a algo que nos invita a replantear nuestra existencia.
“Hay golpes de la vida que no vienen para destruirnos, sino para despertarnos.”
Cuando nosotros buscamos el sentido: En otros momentos, no aparecen esos llamados tan claros. Entonces la responsabilidad está en nosotros: Explorar, probar, equivocarnos, aprender, hacernos preguntas, leer, viajar, escuchar, conversar, animarnos a ensayar caminos que nos acerquen a lo que nos hace vibrar de verdad.
“Quien busca sentido, ya está en camino.”
¿Y qué hacer cuando no aparece?: Hay etapas de la vida en las que el sentido parece oculto, ni la vida nos habla con fuerza ni nosotros logramos encontrarlo. ¿Qué hacer entonces?
1. Aceptar la incertidumbre: no desesperarse por no tener todas las respuestas.
2. Pequeños pasos: enfocarse en lo cercano, en lo posible hoy: cuidar un vínculo, hacer algo creativo, aportar ayuda.
3. Escuchar al cuerpo y al alma: a veces el sentido se esconde en lo que disfrutamos, en aquello que nos da energía y calma.
4. Abrirse a lo inesperado: permitir que lo nuevo entre, aunque rompa rutinas y certezas.
5. Confiar en el tiempo: el sentido no se inventa, se descubre. Está allí, aguardando a ser revelado.
“El sentido no siempre se encuentra, a veces llega cuando aprendemos a esperar.”
Para atravesar este viaje interior se necesitan ciertas actitudes y virtudes humanas que sostienen la búsqueda :
- Paciencia: comprender que todo tiene un tiempo de maduración.
- Humildad: aceptar que no siempre tenemos el control.
- Curiosidad: abrir la mente y el corazón a lo nuevo.
- Resiliencia: transformar las caídas en aprendizajes.
- Escucha profunda: hacia nosotros mismos y hacia los otros.
- Gratitud: reconocer lo que ya está, aunque sea pequeño.
“La actitud no cambia lo que sucede, pero sí transforma la manera en que lo vivimos.”
“El sentido se revela más fácilmente a quienes cultivan la paciencia, la gratitud y la apertura.”
La síntesis no es solo si “nos busca” o “lo buscamos”, se trata de un diálogo constante: La vida
nos lanza señales, nosotros elegimos si las escuchamos y también si salimos a buscarlas cuando el silencio se extiende.
Como decía Viktor Frankl, el sentido no se crea, se descubre, y se descubre en la vida
concreta, en las tareas, en el amor, en el dolor, en el presente.
Te regalo esta pregunta para que te interpele: ¿Estoy despierto para reconocer cuándo la vida
me llama y valiente para buscar mi sentido cuando el silencio se hace largo?
Te mando un beso inmenso TG.
IG Tona Galvaliz. FB/LinkedIn. María Antonia Galvaliz. Counselor-Logoterapia-
Biodecodificación- Coaching Ontológico y Sistémico- Speaker- PNL- Coaching WingWave-
Escritora Columnista- Desarrollo Humano personal y organizacional