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Opinión del Lector

El Paro del 24, ¿primerea la resistencia?

Mempo Giardinelli

Por Mempo Giardinelli

La ardua semana pasada terminó la noche del domingo con idas y vueltas, marchas y contramarchas, y –aunque suene a bravata liviana– con diversos sectores políticos considerando seriamente que, si todas las medidas dispuestas por el flamante presidente Javier Milei llegan a ser validadas por el hoy confuso Congreso y la siempre desconfiable Justicia, lo que espera a esta nación no será ni bueno ni sencillo ni fácilmente reparable.

Especialmente llamativas son las dudas referidas a diversas modificaciones del funcionamiento de la Democracia, que parece estar siendo distorsionada desde la asunción del todavía nuevo presidente el 10 de Diciembre pasado.

En particular lo inquietante es el paquetón de medidas que afectan la Soberanía Nacional sobre todos los bienes naturales que son patrimonio del Pueblo Argentino. Y por una doble razón: porque está cantado que el gobierno actual está decidido a entregar toda Soberanía a intereses extranjeros; y porque ninguna de esas entregas será necesariamente respetada por futuros gobiernos democráticos.

Lo anterior auguraría una serie de conflictos a plazo fijo, pero no sólo para futuras generaciones sino, mucho antes, también para cualquier gobierno que suceda al presente experimento de cesión al canibalismo económico planetario.

Y es que es evidente –aunque ni lo mencionan los mentimedios del sistema de neocolonización de nuestro país– que hoy parecen ser muchos, casi todos, los colectivos de pensamiento político e ideológico en los que campea la decisión de no respetar ninguna de las medidas, decisiones, negocios o reglamentaciones que imponga el gobierno recientemente asumido.

Nadie se alarma ni protesta por esto último, todavía. Y es en cierto modo natural y hasta comprensible, en parte porque hoy todo parece reducirse a anuncios efectistas, algunas bajas inesperadas y mamarrachos varios que, en conjunto, componen cuadros normalitos, se diría, en todo proceso de transición.

Por eso mismo, y también por posibles picardías programadas, es casi obvio y hasta simpático que por momentos lo más interesante del Poder Ejecutivo sea hoy el cachondo besuqueo del flamante presidente fotografiado con quien se dice que es su novia o prometida.

Es claro que este tipo de cuadros, que no dejan de ser típicos de toda transición de mando, sin embargo sí parecen fastidiar ya a ciertos espacios del politicario nacional, que no se distraen con esas minucias y, en cambio, sí están atentos a otros meneos no tan justificables.

Quizás por eso los movimientos del Sr. Massa resultan hoy tan atractivos y acaso más interesantes periodisticamente, primero porque no son en absoluto misteriosos, aunque sí sorprendentes. Y también porque con él nunca se sabe si se mueve por motu propio o inducido por vaya a saberse quién o qué.

Como fuere, ya hay sectores políticos considerando medidas modificatorias del funcionamiento de la Democracia. Desde el mismísimo 10 de Diciembre pasado circulan sotto voce tanto chismes como acuerdos importantes, por ejemplo el referido a las decisiones que afecten a la Soberanía Nacional.

Desde luego que en esa línea soberanista jamás estará Massa, que operó con éxito en favor de la entrega del río Paraná y logró la suspensión indefinida del Canal Magdalena. Por lo que entonces la incógnita acerca de sus movimientos lo recolocaría de alguna manera en el escenario político, donde difícilmente ha de sentirse cómodo toda vez que en casi todos los colectivos de pensamiento político e ideológico “progre” o “peroncho” ya campea –y unifica– la decisión de no respetar ninguna de las medidas, decisiones, negocios o reglamentaciones que está imponiendo autoritariamente el gobierno mileísta.

Aunque todavía con apariencia de bravatas, esas decisiones se basan en que es insostenible someter a toda una nación a un vaciamiento como el que velozmente se intenta hoy, y que enerva a la población por exclusiva decisión y capricho de un presidente que, a menos de un mes del anuncio de su primera batería de “decisiones”, ya está siendo crecientemente repudiado por una evidente mayoría de la población. Y no sólo la que no lo votó, sino también las legiones de arrepentidos que parecen crecer como potus bien regados.

La tarea –la responsabilidad– de reconstruir la democracia será ardua en los próximos años. Y puede pensarse que, aun desde las ruinas de la democracia que vayan a heredarse, es seguro que jamás terminarán las disputas territoriales, en especial cuando esté en juego la soberanía sobre los fabulosos bienes naturales del suelo y el subsuelo de nuestra Patria. Entonces sí que todas las decisiones que ya atentan hoy contra la libertad, la democracia, la industria, el otrora “campo” y en general el trabajo y el bienestar del pueblo argentino, serán urgentes dentro de 4 años cuando el gobierno actual se vaya, seguramente corrido por el voto democrático de un pueblo empobrecido y acaso hambreado e ignorante. Que es la apuesta electoral que posiblemente anida ya en algunos espíritus repugnantes que son parte del gobierno dizque “libertario” pero que en realidad es nomás neoliberal. O acaso antes si no alcanzaran a terminar sus mandatos por las causas que fueren.

Por todo lo anterior el planeta entero, es decir todas las naciones de la Tierra, harían bien en notificarse de que, mantengan relaciones o no con la república Argentina, deberán ser conscientes de que quizás nada de lo decidido por el mileísmo será respetado ni válido legalmente. Hipótesis que corre en paralelo a la autoritaria y repugnante ya anunciada entrega del patrimonio público argentino.

Los enigmáticos pasos que se supone estaría dando ahora el Sr. Massa, opuesto al paro del 24 de enero que ya anunciaron la CGT y muchas otras organizaciones, es difícil pensar que no han de relacionarse con lo anterior. Enigma que los próximos días se develará.

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