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Opinión del Lector

El observador que somos: una clave para transformar los conflictos

Tona Galvaliz

Por Tona Galvaliz

¿Por qué dos personas pueden vivir exactamente la misma situación y llegar a conclusiones completamente diferentes? ¿Quién tiene razón? ¿Existe una única verdad?

Vivimos en una época donde abundan las diferencias de opinión, los desacuerdos familiares, las tensiones laborales y la polarización social.

Muchas veces creemos que el conflicto nace por lo que ocurrió, sin embargo, la experiencia demuestra que, en la mayoría de los casos, el verdadero conflicto no está en los hechos, sino en la manera en que cada persona los interpreta esos hechos.

No vemos el mundo exactamente como es; lo vemos desde quienes somos, tanto nuestra historia personal, la educación recibida, las experiencias vividas, los valores, las emociones, las creencias e incluso las heridas que cargamos actúan como un filtro desde el cual observamos la realidad y la lectura y significado que hacemos de ella.

Aquí aparece un concepto fundamental de la psicología y de la Gestalt: el fenómeno del observador: cada uno construye una percepción diferente de una misma situación, por eso, dos personas honestas pueden sostener posiciones opuestas sin que necesariamente una esté equivocada o mintiendo.

El problema comienza cuando confundimos nuestra interpretación con la realidad absoluta. Dejamos de escuchar para intentar demostrar que tenemos razón; las posiciones se endurecen, las conversaciones se empobrecen y los vínculos comienzan a deteriorarse.

Muchas relaciones no se rompen por falta de amor, respeto o capacidad, sino porque cada uno quedó atrapado en la certeza de que su interpretación era la única verdadera.

Cuando esto ocurre, el conflicto deja de ser una oportunidad de crecimiento para convertirse en una lucha de poder; se discuten posiciones, pero pocas veces se exploran las necesidades, los miedos, las expectativas o las emociones que existen detrás de ellas.

Comprender el fenómeno del observador no significa renunciar a nuestras convicciones ni aceptar cualquier conducta; significa reconocer que nuestra mirada siempre es parcial y que el otro también posee una parte de la realidad que nosotros quizá todavía no alcanzamos a ver.

Este cambio de perspectiva transforma la calidad del diálogo; en lugar de preguntarnos "¿quién tiene razón?", comenzamos a preguntarnos: ¿qué estará viendo el otro que yo aún no logro comprender?

La empatía deja entonces de ser solamente una actitud amable para convertirse en una verdadera herramienta de inteligencia relacional.

Algunas herramientas para construir soluciones alternativas:

• Diferenciar los hechos de las interpretaciones.

• Escuchar para comprender antes que para responder.

• Preguntar más y suponer menos.

• Identificar las emociones que influyen en nuestra manera de observar.

• Buscar intereses comunes antes que defender posiciones.

• Practicar la flexibilidad mental y aceptar que siempre podemos ampliar nuestra mirada.

¿Es posible reconstruir un vínculo? La buena noticia es que sí, siempre que exista disposición de las personas involucradas, muchos vínculos pueden repararse; el primer paso no consiste en convencer al otro de cambiar de opinión, sino en revisar nuestra propia manera de observar.

Reconstruir una relación implica abandonar la lógica de "ganar una discusión" para ingresar en la posibilidad de comprender; no se trata de preguntarnos únicamente quién tuvo razón, sino qué dejó de ver cada uno.

Algunas herramientas pueden facilitar este proceso:

• Reconocer que nuestra interpretación no representa toda la realidad.

• Escuchar sin interrumpir ni preparar mentalmente la respuesta.

• Validar las emociones del otro, aunque no compartamos su punto de vista.

• Hablar desde la propia experiencia, evitando acusaciones y descalificaciones.

• Preguntar antes de concluir.

• Buscar aquello que une antes que aquello que separa.

• Tener la humildad de reconocer errores y la grandeza de pedir perdón o aceptar las disculpas cuando corresponda.

No todos los vínculos podrán recuperarse. Sin embargo, muchas relaciones afectivas, familiares, laborales o de amistad podrían encontrar un nuevo comienzo si quienes las integran se animaran a revisar el observador que cada uno es.

Tal vez el cambio más profundo no ocurra cuando el otro modifique su conducta, sino cuando nosotros ampliemos nuestra manera de mirar. Porque cuando cambia el observador, cambian las conversaciones; cuando cambian las conversaciones, cambian las relaciones; y cuando cambian las relaciones, también puede cambiar nuestra forma de vivir.

Quizá la paz no comience cuando desaparezcan los conflictos, sino cuando aprendamos a mirarlos desde una conciencia más abierta, más humilde y más humana.

¿Cuántos vínculos valiosos hemos perdido por defender nuestra verdad, en lugar de intentar comprender la mirada del otro? ¿Qué relación importante podría empezar a transformarse si hoy decidiéramos mirar la situación desde un lugar diferente?

Te mando un beso inmenso TG.

IG Tona Galvaliz.

FB/LinkedIn: María Antonia Galvaliz.

Counselor – Logoterapia – Biodecodificación – Coaching Ontológico y Sistémico – Speaker – PNL – Coaching WingWave – Escritora Columnista – Desarrollo Humano Persona

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