Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Recibí las notificaciones

DESBLOQUEAR NOTIFICACIONES

Siga estos pasos para desbloquear

Opinión del Lector

El dolor no tiene la última palabra

Tona Galvaliz

Por Tona Galvaliz

¿Cómo encontrar sentido cuando el dolor llega?

A lo largo de la vida todos de alguna manera atravesamos situaciones que no elegimos, por ejemplo: pérdidas, enfermedades, crisis, momentos que parecen poner a nuestra capacidad de seguir adelante, o la de cuestionarnos aquello en que creíamos.

Y aunque nadie desea sufrir, he aprendido que incluso en esas circunstancias difíciles existe una posibilidad profundamente humana: encontrar un sentido a lo que toca vivir.

Circunstancias que no elegimos y que, muchas veces, nos obligan a detenernos frente a preguntas: ¿Por qué me pasa esto? ¿Cómo sigo adelante? ¿Tiene algún sentido lo que estoy viviendo?

Nadie busca sufrir, nadie desea atravesar el dolor, sin embargo, la experiencia humana demuestra que, aun en los escenarios más difíciles, existe una posibilidad que puede cambiarlo todo: la de encontrar sentido frente al dolor humano.

El psiquiatra y neurólogo austríaco Viktor Frankl, creador de la logoterapia y sobreviviente de los campos de concentración nazis, sostenía una idea profundamente transformadora: el sufrimiento no es valioso por sí mismo, el dolor no ennoblece ni mejora a las personas automáticamente, lo que realmente marca la diferencia es la actitud que cada uno decide adoptar frente a aquello que no puede cambiar.

La primera gran lección es que no todo dolor debe aceptarse pasivamente, si una situación puede resolverse, corregirse o transformarse, nuestra responsabilidad es actuar, buscar sentido no implica resignarse. significa encontrar una respuesta cuando ya no es posible modificar la realidad.

La segunda enseñanza es recordar que existe una libertad que nadie puede arrebatarnos: la libertad interior, significa que tal vez no podamos elegir lo que sucede, pero sí podemos decidir cómo responder.

Entre los hechos y nuestra reacción existe un espacio silencioso donde habita nuestra capacidad de elegir.

También es fundamental descubrir un “para qué”. Frankl retomaba una célebre frase de Nietzsche: “Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo” y cuando el dolor se conecta con un propósito, con el amor por alguien, con una misión o con un sueño que aún espera ser cumplido, aparecen fuerzas que muchas veces desconocíamos tener.

Otra clave es la autotrascendencia, paradójicamente, cuando dejamos de mirarnos exclusivamente a nosotros mismos, el sufrimiento comienza a perder parte de su peso.

Al ayudar a otros, acompañar, servir, es posible convertir nuestras heridas en una experiencia valiosa, transformando una tragedia personal en una fuente de esperanza no solo para uno mismo, también para quienes atraviesan caminos similares.

Y, finalmente aquí, aparece lo que Frankl llamó “optimismo trágico”: la capacidad de decirle sí a la vida incluso cuando duele; no se trata de negar la tristeza ni de disfrazar la realidad con frases positivas, se trata de reconocer el sufrimiento y, aun así, elegir vivir y seguir construyendo sentido y propósito en lo que toca vivir.

Una de las herramientas más valiosas para lograrlo es el autodistanciamiento: consiste en comprender que no somos lo que nos sucede.

No somos nuestra enfermedad, nuestro miedo, nuestra ansiedad ni nuestra pérdida, somos mucho más que nuestras circunstancias.

Cuando logramos observar nuestras emociones sin quedar atrapados en ellas, recuperamos perspectiva, dejamos de ser prisioneros de la tormenta para convertirnos en observadores conscientes de ella, y desde allí vale una pregunta: ¿Quién quiero ser frente a esta situación?

La respuesta nunca será perfecta ni inmediata, pero cada pequeño acto de valentía cotidiana, cada decisión de seguir adelante, cada gesto de amor en medio de la adversidad, construye una historia diferente y en mejores versiones.

Generalmente el verdadero sentido de la vida no se revela cuando todo marcha bien, sino precisamente cuando las certezas se derrumban y aun así encontramos motivos para levantarnos y para seguir caminando eligiendo la vida -“eligiendo vivir”-.

Porque la vida nunca deja de tener sentido; incluso en sus etapas más difíciles sigue haciéndonos una pregunta, y nuestra respuesta es la manera en que elegimos vivir.

Al final, no somos recordados por las heridas que nos tocaron y robaron sangre, sudor y lágrimas, sino por la manera en que decidimos transformarlas, y cuando comprendemos eso, descubrimos que el dolor puede desfigurarnos y golpearnos, pero nunca tiene la última palabra.

Te mando un beso inmenso TG.

IG Tona Galvaliz.

FB/LinkedIn: María Antonia Galvaliz

Counselor – Logoterapia – Biodecodificación – Coaching Ontológico y Sistémico – Speaker – PNL – Coaching WingWave – Escritora Columnista – Desarrollo Humano Personal

Dejá tu opinión sobre este tema
Desarrollo Humano TONA GALVALIZ

Más noticias

Te puede interesar

Newsletter

Suscribase a recibir información destacada por correo electrónico

Le enviamos un correo a:
para confirmar su suscripción

Teclas de acceso