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Opinión del Lector

Cuando dar demasiado también puede dañar

Tona Galvaliz

Por Tona Galvaliz

¿Conocías el delicado equilibrio entre dar, tomar y recibir para sostener vínculos saludables?

A lo largo de la vida atravesamos vínculos, decisiones, encuentros y desencuentros; muchas veces sentimos que algo no funciona: relaciones que se desgastan, esfuerzos que no encuentran respuesta o vínculos donde uno da mucho y recibe poco.

Comprender el movimiento entre dar, tomar y recibir no es solo una cuestión relacional, también es una clave existencial; nos ayuda a entender cómo circula el intercambio humano y por qué, cuando ese flujo se desequilibra, aparecen el cansancio, la frustración o la distancia.

Conocer estos principios nos permite mirar nuestra vida con más conciencia y revisar la forma en que nos vinculamos con los demás y con nosotros mismos.

El psicólogo argentino Guillermo Leone, en su libro “El oculto equilibrio de las cosas”, reflexiona sobre un aspecto profundo de las relaciones humanas: el equilibrio entre dar, tomar y recibir.

Para entender mejor este tema, conviene diferenciar dos significados, no es lo mismo tomar que recibir; tomar significa aceptar lo que el otro o la vida nos ofrecen, en cambio, recibir implica algo más profundo: acoger con gratitud aquello que llega y reconocer su valor.

Muchas personas toman, pero no reciben, aceptan algo, pero lo minimizan, lo relativizan o se incomodan cuando alguien les ofrece ayuda, afecto o reconocimiento.

Del otro lado aparece dar: ofrecer algo que nace de lo que realmente tenemos ej. tiempo, escucha, cuidado, conocimiento o recursos etc.

Cuando estos movimientos se equilibran, los vínculos respiran, fluyen, cuando se alteran, algo comienza a tensarse, creando un desequilibro.

Entre los principios y sentencias que propone este enfoque aparecen ideas simples, pero profundamente reveladoras:

  • No podemos dar lo que no tenemos.
  • Dar sin que nos lo pidan puede convertirse en una forma de invasión.
  • Dar en exceso genera desequilibrio en los vínculos.
  • Cuando alguien recibe, naturalmente surge el impulso de corresponder.
  • Si una persona solo da y la otra solo recibe, la relación pierde equilibrio.
  • Dar a quien no puede corresponder también crea desorden en el vínculo.

Estas ideas nos invitan a mirar un fenómeno muy frecuente: el peligro de dar en exceso.

Desde pequeños aprendemos que dar es bueno, que ayudar es una virtud y que la generosidad es valiosa; y es cierto; pero cuando el dar se vuelve desmedido puede transformarse en una carga silenciosa: una carga emocional, psicológica y a veces también relacional que la persona empieza a sentir, aunque muchas veces no la exprese, te doy ejemplos:

Es una carga de cansancio interior: La persona siente que siempre está disponible, sosteniendo a otros, resolviendo problemas o acompañando, y poco a poco se agota.

Es una carga emocional: Aparecen sentimientos de frustración, injusticia o tristeza cuando aquello que se da no encuentra reciprocidad.

Es una carga relacional: El vínculo se vuelve desigual: uno sostiene y el otro solo recibe.

Es una carga interior que muchas veces no se dice: Por eso se la llama silenciosa: la persona sigue dando, pero por dentro comienza a sentirse desgastada o vacía.

Dicho de otro modo, hay personas que sostienen a todos: escuchan, ayudan, resuelven problemas y se anticipan a las necesidades de los demás, dan tiempo, energía, comprensión y recursos; sin embargo, con el tiempo aparece algo difícil de ignorar: cansancio, frustración o sensación de injusticia.

Cuando alguien da permanentemente y el otro solo recibe, el vínculo pierde equilibrio, y cuando ese equilibrio se rompe, la relación comienza a deteriorarse.

También ocurre algo más sutil: cuando damos demasiado, a veces dejamos al otro sin espacio para dar, sin quererlo, lo colocamos en un lugar de dependencia o de deuda; por eso el equilibrio en los vínculos no consiste en dar sin medida, sino en permitir que el intercambio circule en ambas direcciones.

Tal vez por eso algunas crisis relacionales no sean un fracaso, sino una señal de que algo necesita reordenarse. Entonces vale la pena detenernos un momento y preguntarnos:

¿Estoy dando desde lo que realmente tengo o desde una necesidad de ser reconocido? ¿Doy porque el otro lo necesita o porque yo necesito sentirme necesario? ¿Sé recibir lo que otros me ofrecen o me incomoda depender de alguien? ¿Estoy esperando de alguien algo que esa persona no puede dar? ¿Estoy dando tanto que ya no me queda nada para mí?

A veces creemos equivocadamente que amar es dar sin medida; tal vez la vida nos esté enseñando algo más profundo: que el amor, como la vida misma, también necesita equilibrio.

Tal vez el verdadero aprendizaje de la vida no sea solo aprender a dar, también tengamos que aprender a recibir sin culpa y a tomar lo que la vida nos ofrece con humildad, consciencia y gratitud y, a reconocer nuestros propios límites; porque cuando damos sin medida nos vaciamos, y cuando no sabemos recibir también rompemos el equilibrio.

Quizás la sabiduría consista en algo más simple y más profundo: participar del intercambio de la vida sin perder nuestro propio centro.

Te mando un beso inmenso TG.

IG Tona Galvaliz

FB/LinkedIn María Antonia Galvaliz

Counselor-Logoterapia-Biodecodificación- Coaching Ontológico y Sistémico- Speaker- PNL- Coaching WingWave- Escritora Columnista- Desarrollo Humano personal.

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