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Opinión del Lector

Argentina: un país pisoteado por falsas promesas

Brisa Bujakiewicz

Por Brisa Bujakiewicz

Ginés González García es quizás, el nombre más mencionado en las últimas horas. Y es que el país se vio decepcionado una vez más, por una moral inexistente, por aquellas promesas incumplidas que se vienen pronunciando hace más de un año.

El vacunatorio vip, donde políticos y “amigos” del ministro tuvieron la posibilidad de vacunarse mientras que por detrás, hay una sociedad que espera. Médicos que arriesgan su vida en la trinchera, adultos mayores que no salen de sus casas por miedo a contagiarse, gente con enfermedades que no pueden salir a trabajar para ganarse el pan de cada día.

Pero frente a esto hubo una palabra que resonó mucho: amistad

La amistad de Ginés con aquellos que fueron vacunados, la amistad de Alberto que viene cubriendo y perdonando cada falta de palabra de su ahora exministro de salud. Pero en esa falsa amistad observamos una falta de moral que aterra. ¿Por qué aterra? Porque es inadmisible saber que nuestros gobernantes no tienen la capacidad para asimilar su cargo, para estar por y para el pueblo.

El filósofo Rodó decía que la democracia, debe estar en manos de gente con moral.

No podemos dejar pasar que el presidente, horas antes de que se desatara el escándalo que compete a su gobierno dijo: «La moral de la política es precisamente llamar al otro a construir una sociedad más igualitaria»

“Igualitaria” curiosamente es una palabra que no solo el presidente aplicó ese día, sino también, el exministro al presentar su renuncia. Diciendo que «…El odio entre los sectores nos ha dejado una sociedad profundamente injusta, profundamente desigual»

Evidentemente es una palabra muy utilizada a la hora del discurso por nuestros representantes, pero que no se lleva a la acción en ningún momento.

Hablan de injusticia como si la vivieran a cada segundo. Mientras la sociedad, que está extenuada de injusticias hace ya varios años, debe cargar con el papel de víctima del gobierno.

Pero como si esto no fuera suficiente, el exministro de salud justifica su fatídico error diciendo que, fue una confusión involuntaria de su secretaria privada.

Como si no hubiera faltado a su moral desde el primer día, tampoco se responsabiliza por lo sucedido.

¿Desde cuándo la moral se convirtió en un requisito al ejercer un cargo público?

Como sociedad, al tener aquella capacidad “democrática” de ejercer el sufragio, confiamos en que aquellas personas que se encuentran a disposición para tomar las mejores decisiones para el pueblo, son personas con una capacidad ética intachable. Porque eso no es algo que debamos desear que tenga cada político. La moral es algo con lo que crecemos, desde que nos brindan el ejemplo cuando somos pequeños, comenzamos a saber distinguir entre lo malo y lo bueno. Si una persona que ejerce un cargo público no cuenta con la capacidad para distinguir ello, evidentemente estamos en manos de gente incompetente tomando decisiones cruciales para nuestro país.

Pero como sociedad, Argentina una vez más se vio burlada, un país pisoteado por falsas promesas y engaños, un país donde la democracia es aquella posibilidad en la cual te dicen “Te doy esto mientras que por otra parte, te quito aquello”

No debemos dejarnos engañar por aquel falso populismo, donde nos hacen creer que los intereses del pueblo importan, cuando es evidente que el individualismo predomina.

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