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Opinión del Lector

Abuso sexual: una realidad más frecuente y cercana de lo que creemos

Tona Galvaliz

Por Tona Galvaliz

“Lo que pasa puertas adentro también es violencia y, el silencio social que también es parte del daño”

¿Sabías que, lo que el abuso deja en el alma son heridas invisibles, dolorosas y silenciosas, vividas en soledad que piden ser vistas, necesitan nombrarse para sanar? pero hay una buena noticia, existe un camino de regreso y recuperación para volver a SER.

Hay dolores que no se cuentan, no porque no existan, sino porque no encuentran como ser dichos. El abuso sexual es una de las experiencias más devastadoras y al mismo tiempo, más encubiertas y acalladas, lejos de ser excepcional, es más perpetrada y cometida de lo que creemos: en Argentina se estima estadísticamente que 1 de cada 5 niñas y 1 de cada 9 niños han sido víctimas, tal vez hoy el promedio haya subido, y en América Latina las cifras reflejan una realidad igualmente alarmante.

Desgraciadamente esos datos no son números, son historias, son vidas atravesadas por una experiencia que desborda la comprensión y que destruye la integridad.

Cuando el abuso ocurre especialmente en la infancia, no solo se vulnera el cuerpo: se altera la inocencia, la construcción del sí mismo, la confianza en el otro, la percepción del mundo y trágicamente en la mayoría de los casos sucede en ámbitos cercanos: familiares, conocidos, personas significativas, cuidadores, referentes, allí la herida se vuelve más compleja, porque quien debía cuidar: daña, y eso desorganiza profundamente la experiencia interna.

Las víctimas pueden atravesar emociones intensas y persistentes cómo ser: vergüenza, humillación, culpa, miedo, confusión, desamparo, desvalorización, muchas veces aparece el silencio como una forma de supervivencia, pero ese silencio, que protege en un momento, a largo plazo aísla, fragmenta, enferma.

Y en medio de esa confusión es necesario decirlo con claridad sin matices ni dudas: La víctima no es culpable, no lo fue antes, no lo es durante, no lo será nunca; la responsabilidad es siempre del perpetrador/ra que abusa.

Desde una mirada humanista y existencial, el abuso impacta en el núcleo del ser: en el sentido de identidad, en el valor personal, en la posibilidad de habitarse con confianza, en la auto apreciación valorativa, en la autoconfianza, en la auto estima, puede dejar una sensación de quiebre, de desconexión, como si una parte de la persona está rota y quedara detenida en el tiempo, y sin embargo, hay algo que permanece intacto, es una dimensión profunda que no ha sido dañada, una esencia que sigue viva, esperando ser reconocida.

Sanar no es olvidar, es poder integrar lo vivido sin quedar atrapado en ello, es poder recordar sin que duela, es reconstruir sentido allí donde hubo fractura.

Sanar también abarca un proceso colectivo, no es solo un acto individual: es una responsabilidad compartida y como sociedad, necesitamos dejar de mirar hacia otro lado, escuchar sin juzgar, creer, acompañar, generar espacios de cuidado, sostén y visibilidad, es romper el silencio y dar voz a las víctimas.

El camino de reparación requiere tiempo, respeto, amorosidad y muchas veces, acompañamiento profesional para así poder hablar en un contexto seguro, ordenar lo vivido, comprender las emociones, recuperar la propia voz y aprender a poner límites, todo esto son pasos fundamentales; porque lo que no se elabora queda actuando en silencio, pero lo que se trabaja puede transformarse favorablemente.

Dar visibilidad a este tema es también abrir una puerta a la esperanza, a la reparación, a la posibilidad de volver a sí con una poderosa mejor versión.

Sí fuiste víctima de abuso: ¡no fue tu culpa!, pedir ayuda puede ser el primer acto de amor hacia vos mismo.

Reconociendo que el tema del abuso sexual da para ahondar mucho más, me despido con esta pregunta y quizás pueda comenzar a abrir camino: ¿y si aquello que hoy sentís como una herida irreparable, fuera también el punto de partida hacia tu reconstrucción más profunda?

Para ir cerrando la nota, escuchame con atención: aunque hayan herido tu historia, tu esencia sigue intacta sostenida por una fuerza más grande que el dolor y recuerda: ¡no fue tu culpa y no tenés que cargar con ese peso para siempre!, sobreviviste a lo que no deberías haber vivido y eso también habla de tu fuerza, hay en vos una luz que no pudo ser tocada; desde ahí comienza tu regreso.

Te mando un beso inmenso TG.

IG Tona Galvaliz

FB/LinkedIn. María Antonia Galvaliz

Counselor-Logoterapia-Biodecodificación- Coaching Ontológico y Sistémico- Speaker- PNL- Coaching WingWave- Escritora Columnista- Desarrollo Humano personal.

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