La inesperada salida de Gustavo Álvarez tomó de sorpresa a los dirigentes del Bajo Flores que en principio se inclinaron por el Gallego Insúa, después anunciaron a Muniain y terminaron cerrando con Néstor Gorosito.
La vuelta de Pipo al club de Boedo es un mimo para los hinchas que lo tuvieron como ídolo a fines de los ochenta y principios de los noventa cuando formó una inolvidable dupla con el Beto Acosta.
Pero para el propio entrenador es una revancha largamente esperada porque siempre confesó que es hincha de la institución -a pesar de haberse formado en River- y que su sueño es conseguir el campeonato con sus colores.