El tránsito hacia la adultez mayor y el desarrollo de las dinámicas familiares plantean desafíos emocionales profundos que impactan de manera directa en la salud mental de las personas de la tercera edad. El funcionamiento del rol parental atraviesa una reconfiguración radical cuando los hijos consolidan su total independencia y forman sus propios hogares, dejando un vacío en sus padres.
La psicología gerontológica y el análisis de los vínculos familiares abordan el sentimiento de “no sentirse necesario a los 70 años” no como un hecho biológico inevitable, sino como una compleja crisis de identidad y un síntoma de desarraigo relacional que requiere comprensión, espacio y nuevas herramientas de adaptación emocional.
CUÁL ES EL SIGNIFICADO DE NO SENTIRTE NECESARIO PARA TUS HIJOS SIENDO UN ADULTO MAYOR SEGÚN LA PSICOLOGÍA
El estudio de los vínculos familiares en la madurez se enriquece con las investigaciones sobre la percepción del valor personal en el entorno social y afectivo. La especialista estadounidense Jennifer Breheny Wallace, autora de una obra clave sobre el propósito y la conexión humana, sostiene que el concepto de sentirse importante (mattering) constituye una necesidad biológica y psicológica fundamental, cuya relevancia se intensifica de manera notable tras el retiro laboral.
El funcionamiento de esta motivación, definida inicialmente por el sociólogo Morris Rosenberg en los años 80, establece que el deseo de ser valorado y de contar con la oportunidad de aportar al entorno es el motor principal del comportamiento humano, ubicándose en escala de urgencia inmediatamente después de la alimentación y el resguardo físico.
El desarrollo de este sentimiento de prescindibilidad en el seno del hogar no responde a una falta de afecto por parte de los hijos, sino a una reestructuración profunda del lazo familiar, donde el rol histórico de proveedor o guía principal se diluye ante la consolidación de la autonomía de los descendientes. El psicólogo Gordon L. Flett asocia de manera directa la crisis global de aislamiento con la ausencia de esta percepción, afirmando que la sensación de insignificancia constituye la raíz de cuadros de soledad extrema, dado que las personas que atraviesan estas crisis suelen describirse a sí mismas como figuras carentes de relevancia para su entorno.
Para revertir el desarrollo de estos estados de apatía, la psicología aplicada propone herramientas orientadas a recuperar la utilidad y transformar el diálogo interno. De acuerdo con Wallace, la autoestima se alimenta de un doble circuito: el individuo debe sentirse apreciado por quienes lo rodean, pero al mismo tiempo necesita espacios concretos para brindar valor al mundo, sabiendo que sus acciones marcan una diferencia real.
Complementariamente, la terapeuta familiar Darla Gale aconseja ejercitar la autoafirmación consciente mediante la repetición de frases que validen la propia sabiduría y experiencia, sugiriendo además una estrategia relacional directa: expresar en voz alta el aprecio y la admiración hacia los seres queridos, ya que el mecanismo más veloz para sentirse integrado y valorado consiste en reconocer de manera explícita la importancia de los demás.