La relación entre las emociones y la salud es un aspecto que la ciencia considera ampliamente demostrado. A lo largo de los años, expertos de diferentes disciplinas han intentado comprender de qué manera puede manejarse el mundo emocional para evitar que tenga consecuencias sobre el organismo y, en ese proceso de investigación, arribaron a una conclusión que llamó la atención.
Desde hace tiempo, los especialistas buscan explicar cómo las emociones influyen en el bienestar físico de las personas. En ese contexto, diversos estudios permitieron confirmar una premisa que ya no genera debate: los estados emocionales pueden repercutir directamente en la salud. A partir de esas investigaciones, los expertos alcanzaron un hallazgo que resultó particularmente llamativo.
QUÉ IMPACTO TIENE LA QUEJA EN LA LONGEVIDAD SEGÚN LA PSICOLOGÍA
Las emociones y la salud mantienen una relación cada vez más estudiada por especialistas de distintas disciplinas. En ese marco, diversas investigaciones intentaron comprender de qué manera la expresión emocional influye en el organismo y llegaron a una conclusión que llamó la atención de muchos expertos.
De acuerdo con profesionales de la psicología, las personas que exteriorizan sus molestias y se permiten expresar sus quejas podrían incluso tener una mayor expectativa de vida. La psicóloga familiar Isabel Menéndez explicó que este mecanismo favorece la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado con las sensaciones de bienestar. “Cuando nos quejamos, sube la dopamina y nos sentimos mejor”, sostuvo.
Los especialistas remarcan dos aspectos clave. Por un lado, verbalizar aquello que genera malestar puede contribuir a mejorar el estado de ánimo gracias a esa respuesta química del organismo. Por otro, Menéndez advirtió que reprimir constantemente las emociones y acumular sentimientos puede derivar en procesos de somatización y afectar la salud física.
Sin embargo, los expertos también señalan que existe un límite. Convertir la queja permanente en una costumbre puede tener consecuencias contraproducentes. El neurólogo Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología de Buenos Aires, indicó que permanecer en un estado constante de enojo o insatisfacción termina perjudicando tanto al cerebro como al bienestar general.
En ese sentido, explicó que cuando una persona se mantiene atrapada en el enfado o la queja continua, disminuye su capacidad para pensar con claridad y resolver conflictos. Además, se ven afectadas funciones como la atención, la concentración y la denominada inteligencia ejecutiva.
Por ese motivo, los especialistas consideran saludable expresar aquello que incomoda y liberar tensiones emocionales, aunque subrayan la importancia de evitar que esta conducta se transforme en una actitud permanente. El equilibrio entre reconocer lo que genera malestar y valorar los aspectos positivos de la vida aparece como una de las claves para preservar el bienestar emocional y mental.