Muchos hinchas del fútbol, aquellos que no lograron llegar al profesionalismo por carencia de habilidad, constancia o simplemente por no haber tenido fortuna, suelen imaginar que quienes tuvieron el privilegio de jugar en clubes grandes como Boca Juniors ya tienen la vida resuelta.
Creen que jamás necesitarán volver a trabajar o que, si lo hacen, será siempre dentro del ambiente futbolístico. Pero la realidad puede ser muy distinta, y Víctor Ormazábal es un claro ejemplo de ello.
DEL FÚTBOL A LA PANADERÍA: LA CURIOSA HISTORIA DE VÍCTOR ORMAZÁBAL
Quien alguna vez recorrió la banda derecha como mediocampista y brilló bajo el mando del mítico Carlos Bianchi en la era dorada de Boca Juniors, hoy tiene los pies bien plantados… pero en otra cancha. Víctor Ormazábal, aquel volante aguerrido que supo lucirse en La Bombonera y también pisar césped europeo, terminó trazando un recorrido tan inesperado como admirable.
Luego de su etapa en el Xeneize y breves pasos por Temperley y Almirante Brown, se transformó en un verdadero trotamundos del fútbol: pasó por la Segunda División de España con las camisetas del Pontevedra, Cádiz y Ceuta, jugó en Irak para el Erbil SC en plena guerra, vivió una fugaz experiencia de tres meses en el Maccabi Haifa de Israel y colgó los botines en tierras asiáticas, tras defender al Hanoi FC y al Ho Chi Minh City de Vietnam.
Pero la historia no termina así nomás. Tras colgar los botines, Ormazábal se metió de lleno en otro equipo, pero esta vez en el rubro panadero.
Tal como lo venía planeando desde hacía tiempo, se sumó a “La Nueva Reina”, la panadería de su familia, donde trabaja codo a codo con su cuñado.
Lejos de los reflectores y las ovaciones, demuestra que también hay que saber reinventarse fuera del campo, y que hay vida (y mucha harina) después del fútbol.