En el ámbito del deporte, especialmente en disciplinas como el rugby, muchas jóvenes han demostrado que el bienestar también se construye desafiando límites, no solo dentro de la cancha, sino también fuera de ella. Con determinación, lograron superar prejuicios arraigados sobre las actividades que eligieron practicar.
Así, se convirtieron en protagonistas que lograron romper barreras y esquemas establecidos, marcando un cambio tanto en el deporte como en la sociedad, al demostrar que no existen límites cuando hay convicción y pasión.
QUIÉN ES NALLELY MENDOZA, LA DEPORTISTA QUE SE DESTACA EN EL MUNDO DEL RUGBY
Desde la Ciudad de México, la historia de Nallely Mendoza refleja cómo la pasión por el deporte puede transformar un camino personal. A sus 29 años, lleva siete dedicados al rugby, disciplina que no solo se convirtió en su actividad principal, sino también en una parte esencial de su identidad.
Antes de llegar a este deporte, su recorrido incluyó experiencias en natación, atletismo y distintos estilos de danza, tanto folklórica como contemporánea. Sin embargo, esas prácticas no siempre tuvieron un enfoque competitivo. Fue recién en su etapa universitaria cuando descubrió el rugby, casi por casualidad, tras la invitación de una conocida. Sin saber exactamente de qué se trataba, se animó a probar y rápidamente quedó atrapada por la intensidad del juego, el contacto físico y el fuerte sentido de equipo.
Con el paso del tiempo, no solo se consolidó como jugadora, sino que también asumió un rol como entrenadora. Hoy forma parte del ámbito deportivo de la UNAM, donde entrena a equipos femeninos y masculinos, tanto de jóvenes universitarios como de categorías infantiles. Su compromiso con el rugby convive con su trabajo como administradora y su interés artístico por la pintura en acuarela.
Lejos de ser solo una actividad física, el rugby también se vincula con su forma de ser. Según cuenta, este deporte no moldea la personalidad, sino que la expone. En su caso, reconoce una afinidad con la intensidad, la determinación y la capacidad de tomar decisiones sin vacilar.
El camino, sin embargo, no estuvo libre de obstáculos. Desde sus inicios debió enfrentar prejuicios, incluso dentro de su propio entorno familiar, donde se cuestionaba que practicara una disciplina considerada “demasiado ruda” para mujeres. Esos estereotipos también influyeron en la manera en que algunas personas la perciben, aunque, al mismo tiempo, le permitieron construir nuevos vínculos con quienes valoran y apoyan su elección.
A pesar de las dificultades, las recompensas han sido significativas. El rugby le permitió cumplir metas que había dejado pendientes desde la infancia, como competir a nivel nacional. Además, logró algo que nunca imaginó: representar a su país en torneos internacionales. Junto a su equipo universitario, viajó a Francia y se enfrentó a potencias como Francia, España y Nueva Zelanda, en una experiencia que define como inolvidable.
Su rutina actual está completamente atravesada por el deporte. Dedica gran parte de su tiempo a entrenar, tanto a los equipos que dirige como a su propio rendimiento como jugadora, combinando prácticas semanales con sesiones en el gimnasio.
La historia de Nallely Mendoza no solo habla de una atleta, sino de una mujer que encontró en el rugby una forma de vida, desafiando estereotipos y construyendo su propio camino dentro y fuera de la cancha.