Ese es el problema de creerse más de lo que se es. Seguramente a Ramiro Castiñeira le hicieron creer que es un hábil duelista verbal, capaz de enfrentarse a cualquier debate y salir airoso.
Si a eso le sumamos el ir a entrevistas donde se le concede todo lo que dice, se le tiran centros, y hasta le festejan los chistes, el resultado se podía ver de lejos.
Llegó tan mal preparado -y seguramente con la confianza en alza- que se sorprendió con el ataque directo de Ari Lijalad, quien hizo gala de su estilo filoso y cargado de datos, y no supo cómo salir parado en un debate para el que no estaba a la altura.