Los que tienen más edad recuerdan cómo llegaban los jugadores brasileños a los estadios para disputar los partidos de la Copa del Mundo, acompañados por la percusión y sambando.
En las tribunas los seguían hinchas disfrazados y mujeres con poca ropa, pero todo eso ha quedado en el pasado reemplazado por jugadores que rezan y le agradecen a Jesús en cada momento.
Cada vez son más los que sostienen que la invasión evangélica le quitó la esencia al fútbol lúdico que era la cara visible del seleccionado brasileño.
Pero esto ahora se extiende a Colombia, donde las iglesias pentecostales también crecieron en influencia, y sus jugadores rezaron en el campo de juego.