Juliana Santillán debería ejercer su cargo como Karen Reichardt, Virginia Gallardo o incluso Lilia Lemoine, levantar la mano y no abrir la boca para que la gente no se de cuenta de sus carencias cognitivas.
Pero al parecer a la morocha le gusta mucho hablar aunque sea de temas que desconoce, como la economía.
Así llegó a la brillante conclusión de que en Argentina siempre va a haber una clase alta que puede ir a los mundiales y una clase baja que no puede ni soñarlo. El tema es que el objetivo de un gobierno no es describir la situación sino tratar de achicar esa brecha.