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Luli Ofman no es graciosa, sus guiones son pésimos y el tono de su voz, molesto. Tan malo es su segmento, presuntamente de humor, que hasta alguna vez la probaron como analista, pero tampoco dio.
A la última que le movió un pelo fue a Myriam Bregman quien se quejó por el contenido de uno de estos segmentos y que gracias a ella llegó a mas gente.
Ahora la “humorista” se refirió al patético discurso del Presidente en la apertura de sesiones ordinarias, pero su humor es tan básico y predecible que cuesta encontrar una reacción positiva, ni siquiera neutra, y la mayoría de los comentarios la destrozan.