Mabel contó que cobra la mínima y que el día que cobra, paga el alquiler y los servicios y le quedan 10 mil pesos en el bolsillo, por lo que tiene que sobrevivir con la comida que le dan en un comedor y agradecer que no tiene que tomar muchos medicamentos.
Cuando le preguntaron de dónde sacaba las fuerzas para ir a las marchas, Mabel contó que es casi terapéutico reunirse con sus pares cada semana y que de otro modo entraría en una depresión.
El tema es que ella fue enfermera de frontera en la guerra de Malvinas y sirvió al país que ahora parece haberla olvidado.