La ahora devenida ultrafanática libertaria Florencia Arietto tiende a sobreactuar sus opiniones para ver si logra de esa forma rasguñar un cargo.
Cada vez más agudiza su personaje de mujer arrabalera, de alguien que tiene calle y no se guarda nada, como si eso fuera lo decisivo al hablar del conurbano.
Eso la lleva a hacerse la grosera o hacer comparaciones ridículas, e incluso a menospreciar su rol -en un servilismo ruin- al señalar que es lo mismo ponerla a ella o a un mono en la lista de La Libertad Avanza, porque lo único que importa es Javier Milei.