Los enojos de Fantino nunca son un arranque de espontaneidad sino que están previamente dirigidos para causar algún efecto.
Esta vez es parte de la interna del gobierno, donde un sector quiere sacarse de encima al ministro de Salud, Mario Lugones, antes de las elecciones.
El caso del fentanilo adulterado, que sigue causando muertes, y al cual quisieron vincular grotescamente con el kirchnerismo, resta en un año electoral.
Sobreactuando una respuesta estentórea ante un supuesto llamado de alguien del gobierno que le pide que pare, Fantino hizo gala de su capacidad histriónica y se mandó una sarta de insultos contra Lugones que lo deja sin escapatoria.